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Reportaje. Hemeroteca

Lugares marcados por el terror de ETA

Guillermo Abril y Álvaro Corcuera
Eduardo Nave
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Un disparo por la espalda y el empresario Patxi Arratibel se desplomó muerto a las 11.50 en la calle de Errementari. Era el 11 de febrero de 1997, día de Carnavales en Tolosa (Gipuzkoa). / Eduardo Nave

En 2011, 'El País Semanal' se acercó a algunos de los lugares donde ETA cometió sus atentados. Era un homenaje a las más de 800 víctimas del terror. Mostraba 40 espacios donde la banda dejó su huella más terrible. Portales, bosques y carreteras en los que hoy no se percibe el rastro de la muerte. Captados a la hora exacta del atentado. Y en la misma fecha. Pero años después. Un álbum de ausencias que completaron con su testimonio familiares y amigos de los asesinados. Una cicatriz invisible, pero muy presente. Un ejercicio de memoria sobre el que también reflexionaban 25 personajes públicos del momento.

domingo 13 de noviembre de 2011

HAY UNA cicatriz. Aunque no se vea en los portales, en las carreteras, en las aceras, en los bosques, en los pasos de cebra o en las escaleras. A pesar del tiempo transcurrido. Tres semanas después del comunicado de ETA declarando el “cese definitivo de su actividad armada”, cuando para unos parece haber esperanza, otros son mucho más escépticos y prefieren callar. Lo comprobamos cuando solicitamos la colaboración de distintas personalidades de dentro y fuera del País Vasco, al hilo de esta nueva etapa. Les pedimos que reflexionaran en torno a las fotografías de Eduardo Nave, imágenes de los lugares donde la banda terrorista ha asesinado a lo largo de su historia. Nave ha retratado las calles, años después, el mismo día y a la misma hora en que fueron escenarios de la barbarie. Algunos no entendieron la propuesta, otros la consideraron “violenta” y respondieron con su silencio o aduciendo un exceso de trabajo para no aportar 10 líneas. Un tema demasiado visceral, sobre todo en Euskadi, del que muchos, sencillamente, no quieren opinar.

A quienes más doloroso les resulta es a los familiares y amigos de los asesinados y a los supervivientes de atentados. Algunos no quieren hablar. Pero otros necesitan desahogarse, cuentan su relato con detalle y agradecen ser escuchados. La mayoría dice que jamás perdonará ni olvidará. Lo que sigue a continuación es una reflexión libre de personas de todo tipo de ámbitos profesionales, ideologías y procedencias. De aquellos que han querido participar en este ejercicio conjunto de memoria. Las imágenes no pretenden contar la historia de ETA. No están todos los atentados, ni hay un orden cronológico, pero sí son una muestra del vacío que han dejado esos 43 años de terrorismo.

“Podría marcar con tiza el sitio donde yacían mi padre y sus compañeros”. Joaquín Carrasco, hijo de Manuel Carrasco, trabajador de la Armada. Murió asesinado junto a Santiago Esteban, José Ramón Intriago, Florentino López, Félix Ramos y Martín Rosa el 11 de diciembre de 1995 en la calle de Peña Prieta de Madrid. Eran las 15.00. Eduardo Nave

EMILIO LLEDÓ | Filósofo y miembro de la RAE

“Un pueblo magnífico como el vasco no puede permitir que lo aterroricen embaucadores y asesinos”

Falta una foto en esa serie de recuerdos trágicos: la de un pequeño despacho en la Universidad Autónoma de Madrid donde un desgraciado, miserable individuo asesinó a mi amigo Francisco Tomás y Valiente. No voy a traer a estas líneas las palabras que se me ocurren para describir semejante ignominia, de la que no es solo culpable el imbécil que perpetró la fechoría, sino el siniestro cabecilla que se lo mandó.

Semejante crimen tiene raíces muy profundas, no por lo interesantes, sino por los tenebrosos fondos que lo alimentan. ¿Qué palabras bestiales, sentimentalismos pringosos, han ido ocupando la supuesta corteza cerebral de semejantes sujetos? Probablemente, un guiso condimentado con fanatismo, racismo, clericalismo, fascismo chulesco, “izquierdismo”, solapadas oligarquías, separatismo -¿separatismo hoy, cuando, con todas las dificultades y traiciones, empezamos a andar el camino de una democracia aniquilada en 1936 y todavía tan balbuciente?-. Un pueblo magnífico como el vasco, como todos los pueblos de nuestro entristecido y luminoso país, no puede permitir que lo aterroricen embaucadores y asesinos. Una gota de sangre de mi amigo, de cada uno de los asesinados y mutilados, vale hoy mil veces más que el invento manipulado, anacrónico, de sus inexistentes patrias.

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En la primera imagen, carretera de La Coruña (A-6). En el kilómetro 38 murió asesinado el guardia civil Antonio Molina el 17 de diciembre de 2002, a las 15.50. En la segunda, plaza del Valle de Tena, Sallent de Gállego (Huesca). A las 6.10 del 20 de agosto de 2000 fue asesinada la guardia civil Irene Fernández.

KIRMEN URIBEEscritor

“Tan solo recuérdame, recuérdame vital y generoso. Con el tiempo crecerán la hierba y el respeto”

Tan solo recuérdame, recuérdame vital y generoso, / yo quise vivir hasta el último día. / Recuérdame y con el tiempo crecerán la hierba y el respeto, / brotarán las hojas y las palabras. / Créeme, crecerán: aunque lo hagan muy lentamente, / como las piernas de un niño, mientras sueña.

FRANCISCO ETXEBERRIA | Médico forense

“Todas las madres lloran igual ante sus hijos sobre la mesa de autopsia. Los muertos no sufren, sino los vivos”

Es tiempo de memoria y de recuerdo respetuoso. ETA ha matado a uno de mis profesores y también a uno de mis alumnos. Pero los muertos no sufren, sufrimos los vivos. Y todas las madres lloran igual ante sus hijos sobre la mesa de autopsia con el alma rota. Cada paso que doy en mi querida Gipuzkoa es un escenario que me recuerda un caso y luego otro. Apenas se lo digo a nadie. Apenas recuerdo sus nombres. Las víctimas de ETA necesitan lo que no tienen entre nosotros, reconocimiento social. No es lo más difícil en este largo proceso, es otra etapa.

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Cafetería Les Ecuréuils, Capbreton (Francia). En este aparcamiento fueron tiroteados Raúl Centeno y Fernando Trapero, guardias civiles. Eran las 9.20 del 1 de diciembre de 2007. Eduardo Nave

CARMEN CAFFAREL | Directora del Instituto Cervantes

“Impresiona contemplar nuestros espacios cotidianos convertidos en lugares de muerte”

Todos tenemos en la memoria infinidad de espacios de muerte: campos de exterminio, ciudades destruidas, paisajes minados, bosques arrasados con armas químicas… Están lejos de nuestro país, son remotos, resultan extraños. Por eso impresiona tanto contemplar nuestros espacios cotidianos convertidos en lugares de muerte. Así, vacíos de personas e intactos, se alzan aquí nuestros jardines, calles, portales, pasos de peatones, aceras, tiendas de comestibles, escaleras y aparcamientos. Pagan con su soledad el recuerdo del mal y constituyen la metáfora perfecta de la desolación. Sabemos también que ya son parte del pasado.

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Foz de Lumbier (Navarra). El guardia civil José Luis Hervás fue tiroteado a las 12.15 del 25 de junio de 1990. Eduardo Nave

ÓSCAR TEROL | Creador del programa de televisión ‘Vaya semanita’

“Los escenarios no pertenecen a bando alguno. Nos devuelven los ecos de nuestras emociones”

Son los escenarios, los decorados de los recuerdos y, ahora, bambalinas del presente. Cementos, asfaltos y piedras en los que se representó la tragedia; los mismos que sirvieron antes y servirán después, en cruel paradoja, para festejar y celebrar encuentros. Solo escenarios, más o menos bellos, arquitectura que envuelve nuestras vidas. No escuchan, no hablan; son paisajes. Es nuestra acción la que les otorga un peso y un carácter en nuestra memoria. No son responsables, no tienen culpa ni pertenecen a bando alguno; simplemente nos devuelven los ecos de nuestras emociones. Por eso no se debe caer en la tentación de apropiarse de ellos, y mucho menos otorgarse el derecho de defenderlos de otros ojos.

JAVIER ELZO | Sociólogo

“Nos falta abordar el olvido reversible, el imposible olvido de lo inolvidable”

Nunca hay que olvidar. Paul Ricoeur, en su imprescindible libro La memoire, l’histoire, l’oublie, habla de dos formas básicas de olvido, el “olvido por ocultamiento”, por borrado de las trazas de la memoria, y el “olvido de reserva”, el reversible. El primero puede tener dos formas: la amnesia, tanto involuntaria como voluntaria, y la amnistía. La amnesia voluntaria (en la transición y tantos años después en Euskadi) como la involuntaria (por los que, a pesar de todo, logran no ver), así como la amnistía (en el caso de ETA precisamente), ya se han aplicado.

Pero nos falta abordar el olvido reversible, el imposible olvido de lo inolvidable, los dramas que se alojan en la recámara de la memoria y que, por mucho tiempo que pase, nada podrá borrar. Es la estela de Las Euménides de Esquilo que recuerda Jonathan Littell al final de su novela Les bienveillantes.

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Paseo de los Olmos, San Sebastián. Asesinato del policía Francisco Martín. 27 de junio de 1978, a las 21.00. Eduardo Nave

ELÍAS QUEREJETACineasta. Productor de ‘Al final del túnel’

“El atentado de Barajas fue una grave detención, pero hizo que el proceso fuera irreversible”

Por mi trabajo, he tenido ocasión de ver muy de cerca la evolución de una realidad que hace una década tenía un aire lleno de oscuridad. En su día conocí el asesinato de Fernando Buesa y de su escolta, Jorge Díez Elorza. Luego pude ver desde muy cerca la vida de aquellos que, a lo largo del día a día, vivían con la sensación de que en cualquier momento podían sufrir el mismo destino. A partir de 2006, poco a poco, el panorama se ha ido modificando lenta, pero de forma imparable. El atentado de Barajas supuso una grave detención. Pero, incluso aquella terrible circunstancia, se convirtió para algunos en una gran razón para que el proceso se hiciera irreversible. A través de poco más de una década, el proceso hacia la paz continúa y la luz al final del túnel es cada vez más resplandeciente y para muchos y de muy diferente ideología. Imposible de apagar.

UXUE BARKOS | Candidata al Congreso por Geroa Bai

“El reto ahora es inundar todos esos lugares, todos esos vacíos, de confianza y de futuro”

El vacío que rezuman las imágenes es sin embargo solo eso: vacío en una estampa. El vacío que nos ha dejado durante décadas la violencia es mucho más hondo, es vacío que ha inundado la vida de tantos, el dolor de tantos… Ese es ahora el reto: inundar esas imágenes, esos lugares, esos vacíos; inundarlos de confianza, de futuro. Porque el instante no tiene vuelta atrás, pero el espacio tiene futuro.

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En la primera imagen, central de Correos de Irún, Navarra. A las 11.05 del 28 de mayo de 1983, dos individuos dispararon a los guardias civiles Antonio Conejo y Fidel Lázaro. En la segunda, calle del General Castaños. Portugalete (Bizkaia). En este cruce fue asesinado el policía municipal Manuel Ferreira el 13 de agosto de 1979, a las 13.30.

LUÍS CHILLIDA | Hijo del escultor Eduardo Chillida

“Mi padre se preguntó: ‘¿No vale un hombre, cualquiera, más que una bandera, cualquier bandera?”

Viendo las fotos de Eduardo Nave, de los lugares donde ocurrieron terribles atentados, al cabo de unos años me vienen a la cabeza, en estos momentos en los que empezamos a ver el principio de una nueva etapa sin terror, varios aspectos que fueron muy importantes en la vida de mi padre, como son el lugar y el vacío, y entre ellas, la foto de la iglesia de Santa María, donde fue asesinado el guardia civil retirado Benjamín Fernández Fernández. Esta era la iglesia adonde acudía mi padre todos los domingos y en la que dejó su obra en alabastro Gurutz, sobre la pila bautismal. Donde comienza la vida, por una sinrazón acaba otra, creando un vacío. Mi padre se preguntaba: “¿No vale un hombre, cualquier hombre, más que una bandera, que cualquier bandera? ¿Hay alguna razón suficientemente grande para ser superior a la vida más pequeña?”.

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En la primera imagen, Carretera de Bermeo, número 1, Mungia (Bizkaia). En este portal fue asesinado el policía municipal César Pinilla el 12 de febrero de 1979, a las 21.20. En la segunda, Plaza de la Diputación, Santa Pola (Alicante). En el atentado contra este cuartel de la Guardia Civil murieron Cecilio Gallego y Silvia Martínez. Eran las 20.30 del 4 de agosto de 2002.

MIGUEL ZUGAZA | Director del Museo del Prado

“Oímos los más de 30 tiros y salimos corriendo. En un coche estaban los cuerpos inertes de los funcionarios”

“Esto no es el pueblo vasco”, proclamó el lehendakari Garaikoetxea al conocer la muerte de tres policías nacionales en un atentado en Durango el 3 de octubre de 1980, el año más sanguinario de todos los de la actividad de ETA. Yo tenía 16 años, la edad actual del mayor de mis hijos. Volvía del instituto a comer a casa cuando oímos los más de 30 tiros. Tras hacerse el silencio, corrimos hacia el lugar de donde procedían, el cruce entre la iglesia de San Agustín y Bruno Mauricio Zabala. Un Seat 124 azul con los cristales deshechos se encontraba cruzado contra la acera. En su interior, los cuerpos inertes de los funcionarios que venían desde Bilbao todos los primeros días del mes a tramitar la solicitud del DNI. Todavía olía a pólvora. Recordando aquella terrible escena no puedo más que pensar en los que incesantemente se ven obligados a volver al día, la hora y el lugar para no encontrarse nada más que con su ausencia.

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Avenida del Manzanares, número 38, Madrid. En este portal, ETA mató a los militares Francisco Casillas, Ricardo Sáenz de Ynestrillas y Carlos Vesteiro, el 17 de junio de 1986 a las 14.30. Eduardo Nave

JUAN PEDRO GUZMÁN | Exdirectivo del Athletic de Bilbao, secuestrado por ETA en 1985 y liberado 377 días después por los GEO

“He pasado muchas veces por el sitio donde fui secuestrado. Ya no me causa impresión alguna”

El fin de ETA era esperado. Lees los periódicos y ves que todo avanza, pero cuando ocurre, sin duda es una explosión de felicidad. Hace 25 años fui secuestrado, un día antes de Nochevieja, a la salida de la comida tradicional con los medios de comunicación y liberado después en un lugar de Basauri por lo que me enteré después. Por el sitio en el que fui secuestrado he pasado muchas veces. Está parecido a entonces y ya no me causa impresión alguna. Era el restaurante habitual donde celebrábamos muchas comidas, antes y después, los miembros de la junta directiva.

AURORA INTXAUSTI | Periodista de El País y víctima de atentado de ETA

“Siempre temí morir en la calle, era una obsesión. El terror ha provocado vacío y sufrimiento”

Siempre temí morir en la calle, era una obsesión que me perseguía constantemente. En 20 años de periodista en el País Vasco había visto demasiados cadáveres asesinados por ETA en el asfalto, abandonados en la tierra húmeda, y tener que sacar rollos de tela de una tienda para ocultar el terror de la muerte y que los trozos de los cuerpos de un militar, su esposa y su hijo, diseminados por las aceras, quedasen tapados. Durante muchos años había calles por las que no pasaba porque me recordaban a las víctimas, era una manera de protegerme para seguir ejerciendo mi trabajo. Jamás podré olvidar los rostros y los cuerpos empequeñecidos por el dolor de esas madres de guardias civiles y policías nacionales vestidas de negro, con las zapatillas de paño nuevas, que se llevaban a escondidas los féretros de sus hijos. El escultor Eduardo Chillida siempre estuvo obsesionado con el vacío. Y eso es lo que ha provocado el terror de ETA, vacío y sufrimiento.

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Calle del Corazón de María, número 46, Madrid. A las 9.14 del 25 de mayo de 1979, la banda ametralló a los militares Jesús Ábalos, Luis Gómez Borrego, Luis Gómez Hortigüela y Agustín Laso. Eduardo Nave

HELENA TABERNA | Cineasta, directora de ‘Yoyes’

“Estos espacios vacíos obligan a pensar en el trágico momento en que fueron ocupados por la muerte”

Recuerdo la impresión que me produjo la foto publicada en prensa sobre la noticia de la muerte de Yoyes a manos de sus antiguos compañeros de ETA. Al recordar la foto, ahí sigue estando Yoyes, muerta, en el suelo, como si hubiera sido atropellada por esas enormes ruedas de tractor, que son como las ruedas de la historia. Esta misma sensación me ha producido el recorrido por las fotos de este reportaje. Ver estos espacios vacíos obliga a pensar en el trágico momento en que fueron ocupados por la muerte.

SANTIAGO CARRILLO | Ex secretario general del PCE

“Al logro de la paz, tan positivo, la amargura sigue presente para quienes lloran a sus seres queridos”

No entiendo el mensaje. Se trata de fotos, en lugares donde hubo atentados terroristas, tomadas años más tarde, cuando habían recuperado su aspecto normal. Es difícil que la mayor parte de los lectores recuerden el nombre de las calles en que hubo atentados dado los años transcurridos, y la visión de las fotos, si acaso, podría llegar a la conclusión de que el tiempo lo arregla todo. Desgraciadamente, el destrozo causado en los sentimientos de las familias es distinto. Ahí los daños son irreparables, lo que hace que al logro de la paz, tan positivo para el país, la amargura siga presente en el corazón de quienes lloran a sus seres queridos.

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En la primera imagen, calle del General Oraá, número 78, Madrid. Vicente Romero y Juan García, tiroteados a las 9.55 del día 12 de junio de 1985. En la segunda, iglesia de Santa María, San Sebastián. El guardia civil retirado Benjamín Fernández, asesinado a las 14.30 del 16 de febrero de 1982.

JUANMA LÓPEZ ITURRIAGA | Exjugador de baloncesto

“Muertes en portales, tan cerca del hogar, de la familia. Muertes hasta de la mano de un hijo. Nunca más”

Portales. Unos cuantos. Su observación me impresiona. Símbolos de cotidianidad, lugares comunes hasta que en uno de ellos ETA asesinaba cobardemente y los llenaba de desesperación cargándolos para siempre de triste recuerdo. Muertes en portales, tan cerca del hogar, de la familia. Muertes de la mano de un hijo. ¿Qué idea puede mantener en pie salvajadas semejantes? ¿Qué retorcido razonamiento puede ampararlas? Ninguno. Nunca más. Los portales están hechos para abrirse a la vida, no para segarla.

ALFREDO PÉREZ RUBALCABA | Candidato del PSOE a la presidencia

“Reivindiquemos la vida que transcurre en los lugares que contemplaron la tragedia”

Los terroristas saben que nunca alcanzarán una victoria material sobre la sociedad. Aunque tratando de dotar a sus actos de una épica de la que carecen se apropiaran de una jerga ajena; aunque hablaran de comandos o de lucha armada, los terroristas de ETA siempre fueron muy conscientes de que su lucha era psicológica. Que solo podrían alcanzar alguno de sus objetivos si la sociedad claudicaba ante su chantaje. Por eso no es casual que para sus crímenes eligieran escenarios cotidianos; porque en ellos el contraste entre la vida y la muerte, entre la paz y la violencia, era más intenso; y de ese contraste surgía el horror. Hoy, cuando los terroristas han tenido que abandonar la violencia, cuando su historial de crímenes se revela especialmente estéril; hoy más que nunca es necesario subrayar la distancia que hay entre la dignidad de las víctimas y la miseria moral de los asesinos. Conservemos siempre la memoria de los que murieron y reivindiquemos también la vida que transcurre en estos lugares que contemplaron la tragedia. Para quienes generaron muerte y sufrimiento, esa normalidad es la mejor constatación de su total, de su rotundo fracaso.

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Calle de la Escolta Real, San Sebastián. Frente al número 20 fue asesinado el militar retirado Ignacio Urrutia el 28 de junio de 1990, a las 9.55. Eduardo Nave

ANTONIO MUÑOZ MOLINA | Escritor

“La infamia es esa calle donde una persona esgrimió una pistola y se marchó sin apresurar el paso”

A Jean Améry lo que más le sorprendió de los hombres de la Gestapo que fueron a detenerlo fue que no tuvieran caras de la Gestapo, sino de personas normales, y eso fue también lo que empezó a darle más miedo. Lo que sorprende de este catálogo de lugares donde los matarifes etarras asesinaron a sus víctimas es precisamente su normalidad. El crimen, el mal no pertenecen al reino de las tinieblas, no son propios de un linaje particular de monstruos: el lugar de la infamia es esa calle por la que personas comunes pasan todos los días, en la que una persona igualmente común encontró la muerte, en la que otra persona también común esgrimió una pistola y se marchó después de la ejecución sin apresurar el paso ni taparse la cara, en la que hay ventanas y quicios de puertas a las que un cierto número de personas comunes se asomaron al escuchar los disparos. Lo que da más miedo de los crímenes provocados y consentidos por una virulenta infección ideológica es la normalidad con la que suceden en los lugares comunes de la vida.

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En la primera imagen, Calle de Isasi, Eibar (Gipuzkoa). En estas escaleras fue tiroteado Sebastián Aizpiri a las 20.30 del 25 de mayo de 1988. En la segunda, Calle de Andía, Tolosa (Gipuzkoa). Donde murió acribillada Patricia Llanillo a las 21.30 del 12 de febrero de 1983.

LUÍS R. AIZPEOLEA | Periodista de El País

“Un día de 1986 me llamó mi hermano. Un comando de ETA había secuestrado a mi sobrino”

El 23 de febrero de 1984 entrevisté al secretario de organización del PSE, senador y cabeza de lista por Gipuzkoa, Enrique Casas. Hablamos de aquella campaña, la segunda de las autonómicas vascas. Fue su última entrevista porque 24 horas después era asesinado en su domicilio, en San Sebastián, por una escisión de ETA. Un día de 1986 me llamó mi hermano. Un comando de ETA había secuestrado a uno de mis sobrinos, policía municipal. A él y a su compañero los llevaron al monte Ulía. Les despojaron de su uniforme, y mientras una parte del comando les retenía, otra, con su uniforme, asesinaba a dos policías nacionales en el Boulevard donostiarra. En septiembre de 2000, a mi mejor profesor, José Ramón Rekalde, un comando le hirió de gravedad delante de su casa en el monte Igueldo. En noviembre de ese año, Aurora Intxausti, amiga y compañera de EL PAÍS, estuvo a punto de ser asesinada al salir de su domicilio, con su marido y su hijo. La bomba no estalló. Pero marcó su vida y la de su familia para siempre. Podría contar otras historias de Donosti, la ciudad más castigada por ETA, que me vienen a la memoria estos días. Y que he tenido guardadas en un rincón de mi mente para poder seguir pisando las calles de mi ciudad.

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Glorieta de Carlos V, Madrid. En esta plaza fue asesinado José Martínez, teniente coronel del Ejército, a las 17.15 del 17 de noviembre de 1989. Eduardo Nave

GEMMA NIERGA | Periodista, conductora de ‘La ventana’ (Cadena SER)

“¿Perderán significado las cicatrices? ¿Cómo administraremos el olvido y la memoria?”

Siempre que he ido al País Vasco, mis anfitriones me han mostrado lugares marcados por la violencia de ETA, que me producen la misma sensación que estas fotos: horror, absurdo, vacío. Con el anuncio de ETA se abre una nueva etapa, que no por esperada resulta menos extraordinaria. ¿Estos paisajes cotidianos, cicatrices en la memoria sentimental de cada ciudad, perderán significado en el nuevo escenario? Mario Benedetti aseguraba que el olvido está lleno de memoria, porque el olvido es un gran simulacro. ¿Cómo administraremos el olvido y la memoria?

ANTONIO BASAGOITI | Presidente del PP en el País Vasco

“Estas imágenes reflejan el silencio y la injusticia que empapa el ambiente tras arrebatar la vida a inocentes”

Estas fotografías nos recuerdan que hemos ganado a ETA con un irreparable coste humano. Reflejan el silencio y la injusticia que empapa el ambiente después de arrebatarles la vida a personas inocentes. Y al mismo tiempo demuestran que ni los tiros ni las bombas consiguieron cambiar las cosas que pretendían. Todo ha seguido igual después de todos y cada uno de los crímenes de ETA. Esos escenarios son la prueba de que los atentados no han servido a los terroristas para alcanzar sus metas. Y esa es la clave. ETA lleva desde hace décadas y en democracia sembrando el terror en el País Vasco y en el resto de España. Su objetivo siempre ha sido imponer sus pretensiones de independencia y territorialidad, y después de tanto tiempo ha tenido que anunciar que baja la persiana sin conseguirlo. El éxito es de la ciudadanía, que no ha permitido la imposición, y el mérito es de las víctimas, que han dado ejemplo de entereza y respeto al Estado de derecho.

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En la primera imagen, carretera N-634, Deba (Gipuzkoa). En el kilómetro 40 fue asesinado el conductor de autobús Carlos Arguimberri el 5 de julio de 1975 a las 11.30. En la segunda, calle de Iza, San Sebastián. Santiago Oleaga, director financiero de El Diario Vasco, fue asesinado a las 8.25 del 24 de mayo de 2001.

JOSÉ JULIO RODRÍGUEZ | Jefe del Estado Mayor de la Defensa

“Vamos a dejar de vivir bajo el chantaje del miedo, porque es el triunfo del Estado de derecho”

Sol y sombra. La foto no nos dice aparentemente nada, pero… por ese lugar, Javier, José Manuel, José Alberto, Fidel, Pedro, Domingo y Juan pasaban todos los días camino de su lugar de trabajo. A unos 500 metros de distancia, una placa conmemorativa en el vestíbulo del Cuartel General del Estado Mayor de la Defensa, en Vitruvio, número 1 (Madrid), nos recuerda el atentado del 21 de junio de 1993. Hoy, 18 años después, han cambiado muchas cosas. El cese de la violencia etarra es una buena noticia, una excelente noticia. Y lo es porque vamos a dejar de vivir bajo el chantaje del miedo, porque es el triunfo del Estado de derecho y porque estamos cerrando un capítulo definitivo. Lo que no es posible olvidar es lo que ha costado. Muchas muertes, mucho sufrimiento… Ojalá que este día hubiera llegado antes.

ANA ROSA GÓMEZ MORAL | Periodista y miembro de Gesto por la Paz

“La violencia ha dejado un hueco irreparable, casi mil huellas indelebles a nuestro alrededor”

A diferencia de las huellas que dejamos sobre la arena, que son fácilmente subsanadas por las olas, las huellas de la violencia se convierten en un hueco irreparable. A nuestro alrededor hay cerca de mil de esas huellas indelebles que dejan las vidas arrebatadas. Si estas existencias ausentes pudieran ser representadas mediante socavones descarnados, justo allí donde fueron vaciadas de vida, tendríamos que ir sorteando cientos de agujeros negros en las calles de nuestros pueblos y ciudades. Y aunque la sangre se limpie rápidamente para que podamos seguir caminando por los adoquines entre cuyos intersticios se coló la vida de una persona, la memoria los convierte en un nuevo lugar, en un punto de encuentro entre quienes ya no están y quienes deseamos producir valores significativos a partir de su ausencia.

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En la primera imagen, Plaza de la República Dominicana, Madrid. Atentado con coche bomba en el que murieron 12 guardias civiles el 14 de julio de 1986, a las 7.48. En la segunda, calle de Claudio Coello, número 130, Madrid. Aquí fue asesinado a tiros José Francisco Mateu, magistrado del Tribunal Supremo, a las 9.45 del 16 de noviembre de 1978.

HELENA RESANO | Periodista, presentadora de noticias de La Sexta

“Los días de sol en Donostia se aprovechan. El fin de la violencia espero que también”

La lluvia. En Donostia siempre llueve. Es algo que repetimos los de Pamplona. Cada vez que me tocaba hacer un directo tras un atentado, no sé por qué, llovía. Decirle adiós a tu marido o a tu padre bajo esa lluvia lo hace terriblemente doloroso. El día después del anuncio de ETA brillaba el sol. Ni una sola nube. Los días de sol en Donostia se aprovechan. El fin de la violencia espero que también.

PATXI ZABALETA | Coordinador general de Aralar

“No cabe cobrar precio político por la paz, pero tampoco puede exigirse ningún peaje”

La paz es la infraestructura de la convivencia democrática y de la solidaridad. La paz es recíproca por su propia esencia; solo puede darse y recibirse, pues debe originar una sociedad de iguales. No cabe cobrar precio político por la paz, como tantas veces se repitió; pero tampoco puede exigirse ningún peaje, como pretende alguien. La paz se sustenta en la ética y no tiene precio. El lenguaje de victoria y derrota, de vencedores y vencidos es un lenguaje militar de guerra. Siempre es tarde para la paz de tantas víctimas, de tantas presas y presos, de tanto dolor. Pero hacer la paz es la única dignidad para compartir el futuro. El anochecer de la tempestad se siente tarde, pero en el umbral de nuestra historia es temprano.

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Calle de Joaquín Costa, número 61, Madrid. Siete militares fueron asesinados a las 8.16 del 21 de junio de 1993. Eduardo Nave

RAMÓ ETXEZARRETA | Exviceconsejero de Política Lingüística del Gobierno Vasco. Milita en el PSE-EE

“Descubrí la capacidad de convivir con la violencia como si fuera un fenómeno meteorológico”

Leí Un grito de paz, de Pedro Baglieto, descubriendo lo que ignoré de mi valle en mis primeros años de concejalía en Azpeitia, la capacidad de convivir con la violencia como si esta fuera un fenómeno meteorológico o paisajístico. A menudo, descargo mi conciencia desviando mi ruta de Urrestilla y entro en Azpeitia. Una casa de cinco plantas vacía, tabicada en parte, desde que su dueño fuera liberado del secuestro. A nada, el punto donde mataron al agente franquista de la Guardia Civil, el cabo Posadas.

Veinte pasos más y circundan la rotonda la casa, de fachada triste, donde vivía el extremeño asesinado Francisco Machío y la sociedad gastronómica del fusilado Ángel Otaegi. A 200 metros, la casa del industrial secuestrado, mi primera pancarta de repulsa de la violencia. Son 350 metros. Azpeitia es un pueblo bonito y cuidado. En la rotonda hay un gran lábaro vasco, lauburu, vegetal divisable con nitidez solo mediante Google u ojo de pájaro.

POR Guillermo Abril y Álvaro Corcuera

Abril es licenciado en Derecho y Económicas, y master de periodismo por EL PAÍS - UAM, y trabaja desde 2007 en el El País Semanal, en cuyas páginas ha escrito decenas de crónicas, perfiles y reportajes. Ha recibido un premio World Press Photo por su participación en el cortometraje documental ‘A las puertas de Europa’. Corcuera es licenciado en Periodismo por la Universitat Ramon Llull y Máster en Periodismo de EL PAÍS – UAM, y trabaja en EL PAÍS desde 2004 y en El País Semanal desde 2009, donde ha escrito reportajes sobre todo tipo de temáticas en España, Estados Unidos, Japón, Burkina Faso, Bielorrusia, Singapur, Bosnia… Actualmente es responsable del equipo de web y redes sociales de El País Semanal.

fotografía de Eduardo Nave