El arquitecto Víctor Cañas firmó esta casa-mirador sujeta sobre 13 ligeros pilares y con un forjado atravesado por algunos árboles. Frente a la piscina desbordante, los sofás del mobiliario exterior son de La-fete y las tumbonas de Altea Design. / Mads Mogensen

Esta vivienda costarricense está a la vez oculta y expuesta, coronando un monte cubierto por la vegetación. Sus muros de hormigón y paños de vidrio brindan una combinación de sombras y vistas panorámicas.

miércoles 21 de septiembre de 2016

RANAS MONOS, robles y anonos. Rodearse de naturaleza para contemplar el paisaje no es solo difícil. Vivir en un lugar inaccesible es un empeño muy caro. Los dueños de esta vivienda costarricense importaron de Minnesota un funicular para transportar los materiales –hormigón, vidrio, lamas de madera y acero inoxidable– con los que se levantó su casa. Hoy es su vía de acceso. Los propietarios, un médico alemán y su esposa estadounidense, conocieron este paraje entre Quepos y Manuel Antonio, al noroeste de San José, durante su luna de miel. Decidieron que aquel lugar denso de vegetación y con vistas que llegan hasta el océano Pacífico era donde querían regresar una y otra vez cuando nacieron sus dos hijos, hoy adolescentes. La vivienda –que bautizaron como Casa Elevada– es fruto de ese empeño. También es hija del trópico: para protegerse del sol emplea la vegetación y una cubierta amplia y ligera; para resistir la humedad, se deja atravesar por las brisas. El resto combina silencio, distancia y sencillez. Las vistas participan en la decoración y la naturaleza se convierte en aliado protector.

POR Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora Anatxu Zabalbeascoa escribe sobre arquitectura y diseño en El País y en libros como ‘The New Spanish Architecture’, ‘Las casas del siglo’, ‘Minimalismos’ o ‘Vidas construidas, biografías de arquitectos’.