Placeres. Tres minutos

Todos los tiempos (Muhammad Ali)

Martín Kohan
2 min.
2115 PLA Relato

ilustración de sonia pulido

Antes se quedaba como una momia para lanzar luego grandiosos contragolpes. Lo hacía por estrategia. En su última etapa, el mejor boxeador de la historia levantaba los brazos para no ser visto. Nadie dijo que bajarse del ring fuera fácil.

Domingo 02 de Abril de 2017

PARA ESTO SER EL REY? ¿Para esto haberlo sido? ¿Para estarse ahora así sin más, acurrucado en un rincón cualquiera, repantigado contra las cuerdas, impertérrito o pasmado pero indefectiblemente quieto? Tieso, estanco, empedernido: quedarse ahí, hasta el final, sin caerse, sin sucumbir, dejando que pase el tiempo. Eso es ser el rey ahora: afrontar estólidamente la abundancia juvenil del que será, todo lo indica, su vencedor, así como otros reyes, los de verdad, los literales, supieron soportar, no menos estólidamente, cárceles, destierros o guillotinamientos.

Otras veces bailoteó, ahora parece una momia (pero no cualquiera es una momia: también fue una cosa de reyes). Otras veces hizo esto mismo, recostarse en las sogas y cubrirse, alzar los brazos en bloque y esperar; pero lo hacía por estrategia, para lanzarse después de repente en grandiosos contragolpes, o para hacerle saber al rival que era incapaz, fehacientemente incapaz, de lastimarlo, de hacerle daño.

El rincón es ahora su escondite, es un refugio, mala guarida. Los brazos se levantan para no ser visto, para no ver

El rincón es ahora su escondite, es un refugio, mala guarida. Los brazos se levantan para no ser visto, para no ver. Y también, además, de paso, para que los golpes del contrincante no lleguen, en lo posible, hasta la cara. Explotan en los brazos, aturden más que lastiman, son como el eco de unas detonaciones que ocurriesen no muy lejos.

Cuando repara en el apellido del adversario (fuerte y redondo: Holmes), se resigna a ser vencido; cuando repara en su nombre de pila (trivial, como de dibujo animado: Larry), siente ganas de ganarle (e impotencia de ya no tener cómo). ¿Para esto ser el más grande, para esto haberlo sido? ¿El más grande de todos los tiempos: para esto, para esto? Mientras el otro pega y pega, y él soporta como se soporta un reinado, da en pensar, porque de a ratos piensa, en esa frase: “todos los tiempos”, la medida de su grandeza y de su gloria.

Todos los tiempos, si es que en efecto lo son, abarcan también estos magros 15 rounds, sus miserables descansos intermedios, esta noche endemoniada, el insomnio que vendrá después. Sin esta minuciosa humillación que le imparten, sin esta pena tan postrera y lastimosa, sin esta triste pasividad que está asumiendo, no sería un cabal campeón eterno. Ahora, dentro de un rato, apenas pierda, ya lo será.

POR Martín Kohan