Paul McCartney at Early Days music video shoot, LA. Ver vídeo
Placeres. PERFIL

Paul McCartney: “Mola ser de mi generación”

Pablo Ximénez de Sandoval
7 min.
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Paul McCartney, en una imagen del vídeo de la canción 'Early Days'. / MJ KIM

Icono del rock, superviviente del mejor grupo de la historia, autor de un repertorio inabarcable, Paul McCartney vuelve al escenario a contar cómo lo hizo, desde los Beatles hasta hoy.

sábado 14 de mayo de 2016

FUE AQUÍ, asegura, en este mismo sitio. Entonces se llamaba Seat­tle Coliseum. Era el 25 de agosto de 1966 y los Beatles tocaron en dos pases, a las tres y a las ocho de la tarde. Melodie Adams-Fors­strom recuerda que los vio en el segundo. Ella tenía 14 años, y Paul McCartney, 24. “Las chicas gritaban tanto que no se oía la música”. Lo cuenta mientras espera en esas mismas gradas en ­Seattle a que empiece a tocar McCartney el pasado 17 de abril, medio siglo después de aquel concierto. Lo ha visto seis veces a lo largo de una vida. En este tiempo, McCartney y ella han tenido hijos y se han hecho viejos. Pero ese acorde del arranque de A Hard Day’s Night suena igual de desafiante.

Paul McCartney cumplirá 74 años el próximo 18 de junio. El mes pasado empezó una nueva gira por Estados Unidos y Europa. Son tres horas de concierto de un músico en plena forma. El show, la experiencia de McCartney en directo, ha evolucionado hasta convertirse en una especie de celebración de una carrera. Mantiene el diálogo con la generación de Melodie, pero las gradas están llenas de sus hijos y sus nietos. El catálogo del que se nutre va desde antes de que se inventara el rock and roll hasta Rihanna. Es una carrera tan grande que cuando busca una canción para sorprender al público le sale, por ejemplo, A Hard Day’s Night. Y se deja en el cajón otras 200 que podían valer igual.

“No la había tocado en 50 años. La ensayamos y, ya sabes, ese acorde del principio es muy icónico. A algunos en la banda se les puso la piel de gallina. Pensamos que, si abríamos el show con eso, al público le pasaría igual”. Lo dice Paul McCartney por teléfono el martes 19 de abril, a las 16.11 hora del Pacífico, desde el coche que le lleva del aeropuerto a un concierto en Vancouver.

En esta gira da la impresión de que McCartney piensa en términos de legado. Cualquier músico viviría de las rentas con haber firmado una sola canción del catálogo de los Beatles. Él ha hecho más de 30 discos desde que se separaron, el último en 2013 (New). A pesar de que se mantiene activo como compositor, ya no se presenta ante el público diciendo: “Esto es lo nuevo que he hecho”. En este momento de su vida parece querer decir: “Esto es todo lo que he hecho, todo esto es McCartney”. Se trata de una obra inabarcable. El mes que viene sale a la venta una recopilación de su obra después de los Beatles (Pure McCartney) y tiene 67 canciones. No hay ninguna selección posible de su repertorio que sea razonable ni justa, solo la que él decida hacer.

“Normalmente lo que hago es pensar: si yo fuera a este show, qué me gustaría oír”, responde McCartney cuando se le pregunta cómo destila su obra en una lista para un concierto. “Si voy a un concierto de los Rolling Stones, seguramente querré oír Satisfaction y Honky Tonk Women. Me hago esa pregunta sobre mí mismo: si yo fuera a un show de Paul McCartney, ¿qué querría oír? Ese es el principio de la lista y esas son las fijas”. La pregunta sugiere Yesterday, Hey Jude, Let it Be y otra docena. Por supuesto que están.

Gira ¨One on One¨de Paul McCartney para El Pais Semanal, concierto de Seattle
Paul McCartney
A punto de cumplir 74 años, Paul McCartney continúa sobre los escenarios. carlos chavarría / MJ KIM

“Después pensamos en canciones que nos gusta tocar y que pensamos que podrían gustar. Luego van las que no hemos tocado antes, para darle novedad al show, las que no se han escuchado. Y por último buscamos canciones que nadie espera que toquemos. Esas vienen de lugares muy diversos. Por ejemplo, Temporary Secretary. No había pensado en ella en años, desde que salió. Me gusta, pero no la tenía en la cabeza. Alguien me dijo que hay un club en Brighton en el que el DJ se vuelve loco con ella. Vamos, que el tío hace la leche con esa canción. Eso despertó mi interés. Si es buena para él, también lo es para nosotros. Tuvimos que estudiar la manera de tocarla. La ensayamos y nos gustó. Al final, ese es el secreto, que te guste tocarla. Así se hace la lista”.

Más de la mitad de su espectáculo es de los Beatles. No siempre fue así. Después de la ruptura del grupo, en 1969, las carreras en solitario de sus miembros eludieron el inmenso catálogo de la banda. Paul McCartney, John Lennon y George Harrison tocaban sus composiciones nuevas, haciendo algunas pequeñas concesiones y solo con temas inequívocamente suyos. En los setenta, con todos los miembros del grupo vivos y dando conciertos, no había forma de escuchar en directo esas canciones. “No tocaba ninguna melodía de los Beatles porque queríamos consolidar Wings. Solo tocaba material de Wings. Pero una vez que teníamos un par de éxitos en la mochila y la gente nos conocía, que fue como en 1976, pensé: ‘Ahora ya puedo interpretar las canciones de los Beatles”.

Y entonces dejó de tocar. Desde la última gira de Wings, el grupo que formó junto a su esposa Linda, hasta la primera de Paul McCartney en solitario pasó una década. En 1989, de la mano del promotor Barrie Marshall, volvió con una gira mundial en la que se encuentra el origen del McCartney de hoy. El 2 de noviembre de aquel año tocó en Madrid por primera vez desde la actuación de los Beatles en la plaza de las Ventas.

Parte de la emoción de ver a McCartney por aquel entonces era que podía ser la última oportunidad. “Sí, esa era una parte del asunto”, reconoce Barrie Marshall entre risas en su camerino, horas antes del concierto de Seattle. Resulta cómico 27 años después, pero entonces tenía todo el sentido. Ya tenía cuarenta y pico años, a ver, cuánto tiempo más iba a poder seguir haciendo esto. Y qué decir de los Rolling Stones, era imposible que siguieran actuando, estaban hechos polvo. ¿Dylan? En cualquier momento lo dejará, se le ve cansado. Aquí estamos, en 2016, y la empresa que organiza el festival de Coachella se propone hacer un concierto con todos juntos, confirma el propio McCartney.

Paul McCartney
Tras la muerte de Lennon, Harrison y Martin, Paul McCartney mantiene la antorcha beatle encendida. En la imagen, junto a Rihanna. MJ KIM

Desde 1989, el espectáculo de McCartney ha evolucionado hasta abrazar el catálogo de los Beatles por completo. Entonces había muerto Lennon. En 2001 murió Harrison. Y este año acaba de fallecer George Martin. Él es el que mantiene la antorcha encendida, mientras queden fuerzas. Parte del show es un homenaje a los tres, reconoce ­Marshall. En esta etapa de la carrera de McCartney ya no solo toca a los Beatles, sino también canciones de los otros componentes. En algún momento tomó la decisión de que le corresponde a él interpretarlas. “Al principio sobre todo tocaba las canciones que son mías en los discos”, dice McCartney. “Pero me di cuenta de que muchas canciones se escribieron a medias. Como Being for the Benefit of Mr. Kite, por ejemplo, se cree que es de John porque él es el que la canta en el disco, pero la escribimos juntos”. En el escenario cuenta la anécdota de estar en casa de Lennon y sacar toda la letra de un póster que había en la pared sobre un espectáculo circense. “Tengo cierto derecho sobre estas melodías. Así que amplié la mirada hacia canciones que cantaban los otros. Sabes, si me gusta y me apetece tocarlas, yo soy lo más cercano a los Beatles que la gente va a oír”.

Ya nadie sabe cuál es la última oportunidad para escuchar las canciones de los Beatles tocadas por un beatle. McCartney no muestra ni un signo de cansancio en el escenario. Se le ve delgado y ágil, quizá tenga que ver con que es vegetariano desde hace cuatro décadas.

Además de encontrarse bien, afortunadamente le sigue gustando. “Le encanta tocar”, dice Barrie Marshall. “Es el único que conozco que hace toda la prueba de sonido”. McCartney se presenta en el recinto que sea cuatro horas antes de empezar el concierto y toca más de media hora. La prueba de sonido se ha convertido en un espectácu­lo exclusivo por derecho propio, hasta el punto de que se puede presenciar con una entrada aparte.

Es una sensación extraña ver a McCartney con un público tan pequeño en un recinto deportivo. Lleva vaqueros, camisa blanca y chaqueta. Saluda a la banda y arranca con Matchbox, una canción de Carl Perkins, de la adolescencia de McCartney, que en la versión de los Beatles la cantaba Ringo Starr. En total, un calentamiento de nueve temas completos con McCartney en persona que solo han escuchado 150 personas con la prohibición de grabarlo en sus móviles. Así es en cada concierto.

No solo controla la prueba de sonido. “Él es el director creativo y ejecutivo”, dice Marshall. Él se asegura de que la gira tenga unas pantallas de vídeo que se vean bien desde todas las butacas. “Él toma las decisiones, es una persona increíblemente involucrada en lo que hace”, asegura su stage manager, Gino Cardelli. Todos hablan de un jefe “muy accesible”, dispuesto a discutir ideas de vídeo, de sonido, de escenografía. Todos los equipos reportan directamente a McCartney, cocina incluida. A ver, esto de dar conciertos de rock en estadios lo inventó él con tres amigos. Literalmente.

Paul McCartney
Paul McCartney con el rapero Kanye West. MJ KIM

La formación que acompaña a McCartney (Paul Wickens, teclados; Rusty Anderson y Brian Ray, guitarras; Abe Laboriel, batería) es fija desde hace casi 15 años. En un repertorio que va desde 1958 hasta 2015, tocan cada canción exactamente como en los discos. La banda no las adapta a su forma de tocar, se adaptan ellos. El efecto es emocionante en los temas de la primera mitad de los sesenta, que quizá no han sonado mejor desde que las interpretaron los Beatles. “Je, je, supongo, esperemos que sí”, responde McCartney. “En alguna ocasión intentamos la idea de hacer algo diferente de los arreglos originales. Pero entonces pensé: ‘Mira, los Beatles podían haber hecho ese arreglo diferente, pero elegimos hacerlas así’. A menos que se nos ocurra algo mejor, debemos ceñirnos a esos arreglos. Lo bueno es que como es un tipo de amplificación distinta, es grande y suena alto, le damos un sabor diferente. Hacemos pequeñas variaciones en algunas canciones. En las de los Beatles tratamos de reproducirlas fielmente”.

“Este tipo personifica la Historia con mayúsculas”, resume Barrie Mar­shall. Su rostro aparece en cualquier documental o libro que hable de los años sesenta. No podían pensar que estarían aquí, medio siglo después, tocando con sus nietos entre el público, que por el camino iba a hacer otros 30 discos y que seguiría molando. “Nunca sabes cómo va a salir tu vida. Los de mi generación venimos de un momento muy emocionante de la música. Pasaban muchas cosas. Se escribieron muchas buenas canciones y muchas duraron. Así que ahora mola ser de esa generación. Vivimos grandes cambios en la sociedad. Nuestros padres venían de una forma de pensar muy diferente, habían vivido una guerra y nosotros no. Crecimos con un montón de cambios y algunos de esos cambios siguen siendo importantes para la sociedad actual. Mucha de la música que oyes hoy se basa en la que hicimos entonces. Está muy bien haber sido parte de eso”.


Paul McCartney actúa el 2 de junio en el estadio Vicente Calderón de Madrid en un concierto patrocinado por EL PAÍS y 40 Principales dentro de su gira One on One. En junio sale a la venta el disco recopilatorio Pure McCartney, con 67 canciones de su carrera después de los Beatles.

POR Pablo Ximénez de Sandoval

Redactor en la sección de Internacional de EL PAÍS durante 14 años. En la actualidad es el corresponsal en Los Ángeles.