EN LA ERA del móvil inteligente e Instagram, todavía quedan románticos que utilizan cámaras que no hacen llamadas. Aún más utópicos resultan los que optan por modelos analógicos, con sus imágenes impresas, de las que no brota un corazón por muchos toquecitos que se les dé con el dedo. Lejos de ser una alternativa en peligro de extinción, marcas como Lomography han conseguido que adeptos de todas las edades reivindiquen la magia del revelado al instante. Entre sus últimos lanzamientos se encuentra la Instant Camera Murano (89 euros), inspirada en las coloridas casas que se asoman a los canales venecianos. Posee una lente gran angular integrada y se puede disparar en modo automático o manual, con o sin flas. Al mantener su obturador abierto durante largo tiempo, captura los haces de luz en movimiento (como los faros de un coche). Además, permite combinar varias tomas en un solo cuadro creando imágenes distorsionadas. Las fotos son del tamaño de una tarjeta de crédito y tienen un pequeño marco blanco alrededor. Necesita recargarse con papel Fuji Instax Mini. También dispone de un pequeño espejo a la izquierda del objetivo para sacar selfies con más facilidad.