Sauna Grotto. Doble página anterior, el estudio Partisans trabajó con una técnica japonesa – Shou Sugi Ban– que erosiona la madera dándole una apariencia escultórica. Como una cueva excavada, esta sauna de Toronto (Canadá) está formada por paneles de cedro encajados. / Jonatham Friedman

La madera es un componente de futuro. Natural y reciclable; elegante y atemporal; resistente y aislante. Base de la arquitectura ancestral, está viva y atiende a todos los sentidos: huele, cruje y responde al clima y al paso del tiempo. Hoy protagoniza las construcciones más novedosas.

Martes 18 de Abril de 2017

L A ARQUITECTURA más ancestral, que remite a los árboles y al azar, la construyó el clima, agujereando las montañas, o la casualidad, uniendo copas de arbustos. La madera es un material primario y, sin embargo, cargado de futuro. Siendo el componente más cálido de tantos edificios, es también renovable y reciclable. De la madera se dice que vive porque cruje, huele y responde al clima y al paso del tiempo cambiando su densidad y su dureza. William Hall, autor del libro Wood (Phaidon), considera que es, además, un ingrediente inteligente: la tecnología ha añadido resistencia física a su impagable capacidad aislante acústica y térmica.

Le Corbusier eligió para sí mismo la madera. Construyó su cabaña de retiro cerca de Niza en 1952

Una casa medieval de roble dice tanto de la sociedad del siglo XIV como de las coníferas con las que se construyó. La propia naturaleza de los abetos y las hayas definía antaño el tamaño de las vigas, las cerchas y las columnas con las que se levantaban los edificios. Hoy la madera se somete a procesos de transformación y resistencia. El mayor inmueble construido con este material está en Tillamook, en el Estado de Oregón (EE UU). El Hangar B, que funciona como un museo del aire, fue levantado en 1943, tras el ataque a Pearl Harbour. Un primer Hangar A fue aeropuerto hasta que ardió en 1992. Eso hoy podría evitarse: tratamientos ignífugos han permitido recuperar la construcción con bambú en países tropicales.

Refugio alpino. Este pabellón en los Alpes es una rampa con bucle convertida en mirador. Lo construyeron estudiantes del Alice Studio en Suiza. Joel Tettamanti

La madera es cada vez más resistente. En Sevilla, Jürgen Mayer construyó una gigantesca pérgola de abedul laminado expuesta al sol y la lluvia sobre la plaza de la Encarnación. El gracejo local bautizó el Metropol Parasol, como Las Setas. La anécdota delata cómo vanguardia y tradición conviven en los edificios construidos con madera.

A pesar de que algunas macroestructuras, como la cubierta de la abadía de Westminster o la terminal del puerto de Yokohama de Alejandro Zaera, fueron levantadas con tablones, puede que la arquitectura de leño más famosa sea la más pequeña. Le Corbusier construyó su Cabanon en Cap-Martin hacia 1952. Para entonces el autor del Parlamento de Chandigarh había redefinido la arquitectura doméstica y estaba a un paso de repensar la religiosa. Sin embargo, para sí mismo, eligió tres metros cuadrados de madera junto al Mediterráneo. El arquitecto aparece en las fotos como un primitivo cosmopolita: lavándose con una manguera y comiendo en el restaurante L’Étoile de Mer.

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Proyecto sostenible. Tres imágenes de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Este proyecto de Alejandro Zaera, inaugurado este mes, está construido en Cerezales del Condado, en León, y ha ganado el I Premio a la Construcción Sostenible de Castilla y León. Realizado en madera de alerce, tiene una superficie de 2.700 m2 en forma de cinco naves. / RUBÉN P. BESCÓS

Que es el ingenio lo que vuelve resistente la madera lo demuestra también el inexpugnable castillo de Himeji. A pesar de que sus alerones ornados dibujan una silueta delicada, la famosa fortaleza japonesa del siglo XVII nunca fue atacada. La defendía más el ingenio que la fuerza: era el crujido de la madera lo que debía alertar sobre la invasión del enemigo y el laberinto de escaleras lo que debía evitarla.

Instinto e ingenio determinan la construcción con un material que asociamos a la tradición y a la falta de pretensión. Pero es su capacidad de transmitir idéntica calidez en las cabañas más tradicionales y en las cubiertas más vanguardistas lo que convierte a la madera en el material más humano.

POR Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora Anatxu Zabalbeascoa escribe sobre arquitectura y diseño en El País y en libros como ‘The New Spanish Architecture’, ‘Las casas del siglo’, ‘Minimalismos’ o ‘Vidas construidas, biografías de arquitectos’.