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Placeres. creadores y creaciones

María Calderón, la alquimista del color

Almudena Ávalos
3 min.
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Lupe de la Vallina

María Calderón abrió hace casi dos décadas un pequeño taller de tinte para vestuario de teatro. Por sus manos han pasado prendas que han vestido a grandes artistas. Hasta el cineasta Ridley Scott sueña con llevarla a sus rodajes.

sábado 15 de octubre de 2016

LOS CONOCIMIENTOS sobre los secretos del tinte de María Calderón la han convertido en la alquimista predilecta de los figurinistas españoles. De ahí que más de uno la llame la maga. “Estudié Químicas y durante casi dos décadas trabajé en un laboratorio textil haciendo formulaciones y tiñendo miles de metros de tejido. Un día decidieron llevarse el taller a Casablanca y yo dije que a Marruecos no me iba. Entonces, hace 18 años, me lancé a por mi sueño de poner un taller de tinte para teatro”.

ENTONCES NO HABÍA NADIE QUE SE DEDICARA A ESO, HASTA QUE LLEGÓ ELLA. HA SIDO LA SALVACIÓN DE ESTA PROFESIÓN

No tenía ni un contacto en la profesión, pero buscó trabajo en el lugar adecuado, en la tienda madrileña Maty, que manufactura y vende artículos de danza desde hace más de 70 años. Olga Zentilín, que trabaja en el establecimiento, recuerda perfectamente el día que la conoció: “Me explicó que estaba especializada en tinte y me preguntó si sabía a quién podía ofrecerse. Entonces no había nadie que se dedicara a eso, y cuando las compañías me preguntaban, yo no sabía orientarlos. Hasta que llegó ella. Ha sido la salvación de esta profesión”. A la mañana siguiente, Calderón recibió una llamada de la Compañía Nacional de Danza. “Mi primer encargo fue un vestuario para Nacho Duato”, recuerda. Después tocaron a su puerta el Ballet Nacional, el Centro Dramático Nacional, el Teatro Real. Hasta la buscó el cineasta Ridley Scott.

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Algunos de los dibujos para vestuario y uno de los numerosos botes de spray que pueblan su espacio de trabajo. / LUPE DE LA VALLINA

“Le he dicho dos veces que no porque su encargo requería dejarlo todo para ir a su rodaje. Pero he hecho Torrente, El laberinto del fauno, Los del túnel (de estreno en 2017) o El bar, el último rodaje de Álex de la Iglesia”. Ahora trabaja con sus dos hijas, Sandra (sastra) y Mónica (historiadora del arte y asesora histórica), en la serie La catedral del mar y en una zarzuela.

Estudiamos los tejidos, los tonos de color y cómo funcionan en movimiento

En las paredes del taller cuelgan con chinchetas recortes de periódico sobre María Pagés o Eva Yerbabuena portando prendas tintadas por ella. Los diseñadores de vestuario Pedro Moreno, Felype de Lima o Pepe Reyes entran como si estuvieran en su casa. “Pinchan sus dibujos en los corchos y nos preguntan si podemos hacer lo que tienen en mente. Estudiamos los tejidos, los tonos de color y cómo funcionan en movimiento”. Para ello cuentan con decenas de botes de pintura, colorantes, pan de oro y pulverizadores repartidos por todos los rincones de su local, situado en Madrid. Sandra y Mónica recuerdan que, cuando su madre comenzó, en los programas de mano de las obras de teatro no se incluía el tinte y la ambientación. “¡Ahora sí!”, exclama ella. Al verla en acción, se comprende. Pliegue a pliegue, pacientemente, introduce las prendas en las ollas con agua y colorante y las pinta al alza.

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La tintorera, junto a una de las muchas prendas que trata. Lupe de la Vallina

Mientras las remueve con una cuchara, explica el proceso. “A veces puedo estar 10 horas viendo la evolución del color hasta que doy con lo que busco. Dos más dos nunca son cuatro en este oficio y, aunque la técnica esté muy avanzada, el colorímetro (una herramienta que identifica el color) no ha conseguido hacerlo como el ojo humano”. Sus manos, que esconde avergonzada por tenerlas siempre teñidas, delatan en qué anda trabajando. “Abrimos de nueve a nueve. De lunes a domingo. Y hemos llegado a preparar seis estrenos simultáneos”.

En ocasiones, su trabajo puede acabar hasta un cuarto de hora antes del estreno. “Nos recuerdo en Carmen, de Carlos Saura, en el Palau de les Arts de Valencia, tiñendo y terminando prendas con los secadores de mano de los baños 15 minutos antes de que se levantara el telón”, cuenta entre risas su hija Mónica. Pero para nervios los que pasan cuando les faltan botes de pintura. “Hasta que no tienes delante el tejido no sabes cuánto vas a necesitar. Y los pedidos de color a veces tardan una semana”, dice María. “Porque este arte no es una ciencia exacta”, añade.

POR Almudena Ávalos