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Placeres. Creadores y creaciones

De la agitación cultural al ‘ring’ de boxeo

Silvia Hernando
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La sede de la editorial es una habitación atestada de cajas de libros y documentos. / Lupe de la Vallina

Servando Rocha saca a la luz títulos que beben de los enigmas de la sociedad contemporánea a través de la editorial que fundó y dirige: La Felguera. En sus libros se dan cita ladrones de cadáveres, utopías y forajidos.

Jueves 11 de Mayo de 2017

E N LA PUERTA, tan discreta que hace falta mirar dos veces, un temible encapuchado corta el paso. Con el gesto impertérrito, solo atiende al sonido de un santo y seña: “Viva Giordano Bruno. ¡Iglesia infame!”. Una vez sorteada su imponente presencia, la oscuridad va ganando terreno con cada peldaño descendido hacia las tripas del local que custodia. Solo unos neones fluorescentes flotan sobre la pared, que se desluce progresivamente en penumbras hasta acariciar el subsuelo. Allí, en el sepulcral silencio de un sótano perdido en el barrio madrileño de Lavapiés, aguarda un enmascarado en el centro de un ring de boxeo. Cuando el centenar de invitados ya están en la sala, el misterioso anfitrión se despoja de su careta. Las luces suben de intensidad y el rostro del editor y escritor Servando Rocha se revela. Cuando la ceremonia haya terminado, este extraño local retomará su verdadero uso: una sauna oscura para mantener relaciones sexuales con desconocidos. Un espacio secreto donde ahora se desvela otro secreto: un nuevo evangelio en la religión de La Felguera.

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Servando Rocha, en la sede de La Felguera. / LUPE DE LA VALLINA

Con una creciente legión de fieles, el pasado marzo esta editorial independiente organizó así, en un cuadrilátero, uno de los actos de presentación de su último libro: La horda. Una revolución mágica, firmado por el propio Rocha (Santa Cruz de la Palma, 1974), también fundador y director de la empresa. El canario ya tiene acostumbrados a sus seguidores a realizar eventos insospechados –en un cementerio, en un barrio que en su día fue nido de criminales…– para dar a conocer sus novedades. Con ensayos en torno a los resurreccionistas (ladrones de cadáveres que se vendían a anatomistas) o sobre las utopías que se esconden bajo la tierra, la creciente popularidad de sus propuestas parece síntoma de que estos temas “en realidad interesan a mucha gente”.

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Algunos de los libros publicados por la editorial, Lupe de la Vallina

Al igual que La horda, algunas de las esotéricas historias que engordan su catálogo las escribe el mismo Rocha. Relatos como El ejército negro, sobre un grupo de forajidos motorizados, o La facción caníbal, que aborda la fascinación que lo macabro ha ejercido sobre artistas y poetas. Hasta hace un par de años, Rocha fue también batería de la banda de punk-rock Muletrain y en paralelo hoy aún ejerce la abogacía. “Aunque cada vez menos. Y, la verdad, no lo echo en falta”, confiesa el canario, un tipo alto, sonriente, con ese acaramelado acento isleño.

Surgida en 1996 como “un colectivo de agitación cultural vinculado a la guerrilla de la comunicación”, La Felguera se fue transformando a partir de 2010. Tras varios años de acciones artísticas inspiradas “en el juego de las vanguardias” –desde disfrazarse de hombres lobo a las puertas del Congreso hasta repartir falsos villancicos frente a un centro comercial para denunciar la “complacencia” de las fiestas–, el grupo se disolvió para concentrarse en la labor editorial. En estas dos décadas, como explica Rocha, el proyecto “ha ido cambiando con la gente” que lo ha conformado. “Así que lo veo como a un hijo”. Ahora él y Beatriz Egea llevan las riendas junto a colaboradores como el ilustrador Mario Rivière o los redactores de Agente Provocador, su revista en papel y online, cimentada también sobre bases contraculturales.

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El editor y autor se nutre de experimentos como el dadaísmo y el situacionismo. Lupe de la Vallina

Vinculada a la crítica y el activismo políticos, La Felguera bebe de experimentos como el dadaísmo y el situacionismo. Aunque al final del día la rutina de Rocha no deja de ser la “normal, como la de mucha gente”. “Con una agenda bien llevada, hasta tengo tiempo para leer o escuchar música”, se ríe el editor, que asegura que si a alguien le resulta difícil imaginar de dónde saca la inspiración para las materias que trata en sus libros es porque no se conoce a sus amigos. “Todos estamos metidos en estos temas, así que andamos por ahí con la cabeza llena de locuras”

POR Silvia Hernando

Redactora especializada en cultura. Ha trabajado en Cinco Días, El País y el diario digital Infolibre. Antes fue gestora cultural en una galería de arte contemporáneo y en la Embajada de España en Argelia, también pasó por un gabinete de comunicación. Estudió Historia del Arte y Traducción e Interpretación y después cursó el máster de periodismo de El País.