HAY UNA canción de Marvin Gaye titulada Wherever I Lay My Hat, That’s My Home (Allí donde dejo el sombrero, esa es mi casa) que se ha convertido en el leitmotiv de la firma italiana Borsalino. Sus piezas, como este modelo de cáñamo decorado con una cinta de seda (237 euros), se elaboran artesanalmente en los talleres de Alessandria (Piamonte), donde se fundó la marca en 1857. Algunos de sus modelos, como los míticos ­Montecristi, requieren hasta seis meses de trabajo entre el secado y posterior trenzado de la palma con la que están realizados. Constituyen un icono del diseño que han lucido guapos con tumbao como Humphrey Bogart, Marcello Mastroianni o Robert Redford.