viernes 25 de agosto de 2017

LA RELACIÓN entre Sevilla y su río es tormentosa. El Guadalquivir tiene salida al mar e históricamente posicionó a la ciudad como centro comercial. Sus aguas le han dado a la capital andaluza riqueza, pero su cauce es irregular, y las inundaciones, frecuentes. Se recuerdan sobre todo las seis que hubo en 1895, y la de 1947, de la que se cumplen 70 años. Unas 7.000 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares. La más grave, con todo, la produjo en 1961 un afluente, el Tamarguillo. Para dominar su cauce y minimizar los daños de posibles crecidas, se fueron sucediendo desvíos y obras de ingeniería. Hoy, por fin, Sevilla ha conseguido estabilizar la relación con su río.