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El secreto de la imbatible selección de rugby de Nueva Zelanda

Nacho Hernández
1 min.
Rugby Nueva Zelanda

Ataque de la alineación del Instituto de Rotorua (Bahía de Plenty, Nueva Zelanda) en un partido.

La selección de rugby de Nueva Zelanda ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2017. Los célebres All Blacks, tres veces campeones del mundo, forman uno de los equipos más imbatibles del planeta. El secreto de su éxito reside en la afición que el país profesa a esta disciplina, como demuestran estas imágenes tomadas en los campos de juego. Es el retrato de una pasión que concibe futuros campeones desde la cuna.

viernes 20 de octubre de 2017

NUEVA ZELANDA ha sido descrita como un intento —improbable— de trasplantar una sociedad británica idílica en el Pacífico Sur. El éxito fue total en lo que respecta al rugby. Este deporte se jugó allí por primera vez en 1870 y desarrolló raíces profundas. Pronto empezó a crecer y tomó vida propia en Aotearoa, “la tierra de la gran nube blanca”. Los integrantes de los All Blacks, su selección nacional, reciben esta próxima semana el Premio Princesa de Asturias de los Deportes. Pocos homenajes tan merecidos: quizá se trate del mejor equipo del mundo en cualquier deporte. Han ganado un 77% de los partidos disputados desde 1903. Conquistaron los dos últimos mundiales de la disciplina, convirtiendo a su país en el único en lograrlo en tres ocasiones. Y ocupan lo más alto del ranking de selecciones desde 2010. De los All Blacks se espera que ganen todos y cada uno de sus encuentros, destrozando al rival si es posible. Suelen hacerlo, con una combinación de furia, elegancia y deportividad. Y además jugando bonito.

Grada de los estudiantes del Instituto New Plymouth (región de Taranaki) apoyando a su equipo.

¿Cómo puede un país con una población de menos de cinco millones de habitantes dominar un deporte de manera tan abrumadora? Con el propósito de averiguarlo —y de plasmarlo en fotos—, viajé durante cuatro meses por nuestras antípodas. Para un antiguo jugador, esta experiencia se convirtió en un peregrinaje a la meca del rugby. Más que un juego, estamos ante una religión en Nueva Zelanda. El sábado se convierte aquí en día de culto para este credo. Sus templos son los cientos de campos a través del país, llenos de familias compartiendo su pasión.

POR Nacho Hernández