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Mirada de autor al nuevo Sabina

Diego Manrique
2 min.
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Javier Salas

Sábado 25 de Febrero de 2017

¿Quieren primero las buenas o las malas noticias? De acuerdo: Lo niego todo será enorme éxito y habrá consenso general en que Joaquín Sabina vuelve a volar. Ahora imaginen que alguien mete 19 días y 500 noches en la trituradora y luego pretende recomponerlo de memoria. Urge valorar el trabajo del productor, obligado a sacar zumo de naranja de una piedra pómez (léase: artista tan genial como desmotivado). Honor, pues, para Leiva. A continuación, una mirada hacia los 12 temas del nuevo álbum de Sabina.

  1. 1. 'Quien más, quien menos'

    El disco oscila entre la Argentina pop (piensen en el mejor Calamaro) y esas rutas polvorientas que en EE UU llaman Americana; la apertura pertenece a la segunda categoría. Sibilinamente, hace referencia a su disco más celebrado: “Quien más, quien menos / pagó caras 500 noches baratas / y cambió a la familia por dos mulatas / de culo obsceno”.

  2. 2. 'No tan deprisa'

    Perfecto arranque: “Un coyote en el porche, una mecedora / un cuello de botella buscando un fa / unas horas tan muertas que no son horas / la comanche de anoche que ya se va”. Se puntualiza innecesariamente que es un “homenaje a J. J. Cale”: Joaquín tiene abundantes canciones que incorporan el trotecillo del maestro de Oklahoma.

  3. 3. 'Lo niego todo'

    A vueltas con su tema favorito: él mismo. Inteligente la táctica del “ataque preventivo”, no soy el que ustedes piensan, así que no me vengan pidiendo cuentas. Y comienza con otro guiño a su disco clave (“Ni ángel con alas negras…”).

  4. 4. 'Postdata'

    Con música y guitarra de Ariel Rot. Como ocurre durante todo el álbum, la sensación de que nos hemos topado antes con esta historia: la enésima crónica de enamoramiento con mujer altiva. Ese arrebato a lo Chavela Vargas, ay, seguramente parecía una buena idea cuando se grabó.

  5. 5. 'Lágrimas de mármol'

    Más autobiografía idealizada: “Los pocos que me quieren no me dejan / perderme solo por si disparato”. Siempre funciona: su público, generalmente condenado a una vida morigerada, admira al canalla que suponemos vive como quiere y se contradice sin pudor.

  6. 6. 'Leningrado'

    Superando la raya del reciclaje, entramos en la autoparodia. Cierto que el mercado lo acepta todo: hasta Melendi triunfa comercializando Sabina de marca blanca.

  7. 7. 'Canción de primavera'

    Una melodía de piano cedida por Pablo Milanés. Sabina se aproxima al arquetipo que aseguraba detestar: el señor del casino provinciano con vocación de ingenioso (“camarero ponme un par de / dry martínez”). Consciente del posible pecado de cursilería, Sabina rompe el clima pringoso disparando palabras como “pendejo” o “bragas”.

  8. 8. 'Sin pena ni gloria'

    Como en 'Barbi Superestar', se menciona el hábito de prometer escribir ­canciones para damas. Sabina es un ­economista del amor y el afecto: ha hecho estas cuentas en otras coplas.

  9. 9. 'Las noches de domingo acaban mal'

    Gran título, aunque el tema está escenificado por rockeros de guardia en piloto automático. Y viene firmado por Leiva: en Pereza sabían diluir a los Rolling Stones para que pasaran el filtro de las radiofórmulas. Esperen a que le crezcan los colmillos del directo.

  10. 10. '¿Qué estoy haciendo aquí?'

    Grato 'reggae' que se alarga; Sabina intenta reanimarlo citando “No woman no cry”. Eso sí: pocos artistas se atreverían a interpretar una canción entre cuyos autores figura el presidente de su discográfica (el argentino Afo Verde).

  11. 11. 'Churumbelas'

    Simpática rumbita de Lavapiés que requeriría mayor masa sonora, más chispa argumental. Hasta se invoca al Atleti; conociendo que Joaquín carece de pasión real por el fútbol, es legítima la presunción de que ha decidido pulsar todas las teclas de la identificación popular.

  12. 12. 'Por delicadeza'

    A solas con Leiva, se recrea la que podría ser ganadora del concurso Componga usted una canción al estilo Sabina. La propuesta final de Joaquín, fuera de micro, resume su ética del trabajo: cuanto menos, mejor. También le envidiamos por eso.

POR Diego Manrique