Salón de una villa a las afueras de Milán, en Lombardía. El coste de la conservación y reparación es demasiado elevado para sus propietarios. / Eleonora Costi

De muchos de aquellos lugares donde Italia vibraba llena de vida solo quedan las ruinas. Monasterios, clubes nocturnos, palacetes. Espacios abandonados a la espera del vandalismo o del derrumbe con el próximo terremoto. Un viaje fotográfico por un país donde conviven la belleza, la gloria de tiempos pasados y los escombros.

Martes 07 de Febrero de 2017

LA NOSTALGIA es la única distracción posible de quien no cree en el futuro. Lo dice Jep Gambardella, el descreído periodista interpretado por Toni Servillo, en una escena de La gran belleza, aquella película de Paolo Sorrentino que, sin necesidad de actores ni guion, sigue representándose cada día por un país que cruje bajo el peso de su propia historia. Eleonora Costi ha viajado con su cámara por toda Italia en busca de palacios abandonados por la ruina de sus dueños, conventos golpeados por los terremotos, psiquiátricos sin locos, monasterios sin monjes y prostíbulos sin deseo. “Cuando sientes ese olor”, explica la fotógrafa refiriéndose al de la madera húmeda, “te das cuenta de que has llegado”. El olor de una nostalgia extraña que, a falta de los personajes y sus historias, solo puede ser alimentada por la imaginación: ¿de quién sería la ropa aún colgada en el armario?, ¿quién durmió o amó o agonizó bajo ese dosel suspendido en el vacío? Lugares de Lombardía, de la Toscana, del Piamonte. Solo unidos, como otros tantos en Italia, por la nostalgia y la belleza.

El castillo de Sammezzano, de estilo árabe, una rareza del año 1605 abandonada en la Toscana. Eleonora Costi

Texto de Pablo Ordaz