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Ray Davies: “El problema no es que te disparen, sino sobrevivir”

Joseba Elola
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Andy Gotts

El triunfo con The Kinks, una de las bandas más influyentes y reverenciadas de la historia del rock británico; las sempiternas peleas con el guitarrista, su hermano Dave; el disparo que recibió en las calles de Nueva Orleans durante un atraco. La vida del legendario y sarcástico Ray Davies ha sido de todo menos aburrida. A punto de editar un disco tras ocho años de silencio, en esta conversación rememora algunos de los episodios clave de su recorrido vital.

sábado 15 de abril de 2017

CULTIVAR LA DIFERENCIA. No ser como los demás. No ser uno más. A Ray Davies nunca le gustaron las soluciones fáciles, ni los atajos, y en esas sigue a sus 72 años.

Ahí está, de pie, erguido, frente a la ventana. Hace una tarde gris en Londres, está empezando a chispear. El legendario cantante de The Kinks, brillante compositor, sarcástico letrista, estandarte de las esencias brit en los sesenta y setenta, pionero de los discos conceptuales, otea el horizonte desde el Lauderdale House, centenario centro cultural de Waterlow Park, al norte de Londres. Está acostumbrado a ver la ciudad desde las alturas.

A escasos tres kilómetros del lugar en que se desarrolla esta entrevista está Muswell Hill, el barrio obrero de su infancia, un lugar encaramado a una colina, a unos nueve kilómetros del centro, desde el que se ven a lo lejos las torres del núcleo financiero de Canary Wharf.

Muswell Hill sigue vivo en su memoria. En este barrio se halla la casa baja de ladrillo rojo en la que se crio, en el número 6 de Denmark Terrace, frente al Clissold Arms, el pub en el que dio sus primeros guitarrazos junto a Dave, su antagonista en The Kinks, su hermano pequeño, el impetuoso guitarrista, el tipo con el que lleva peleándose toda la vida –en sus años mozos, a puñetazo limpio–. “Jugaba a indios y vaqueros a escasos cien metros de mi casa, en un lugar en el que había caído una bomba durante la Segunda Guerra Mundial”, dice con una voz fina, delgada. Ya desde entonces, cuenta, desde los 10 años, se dedicaba a inventarse las historias de los personajes que veía desfilar por su barrio, talento que desarrollaría hasta convertirse en uno de los letristas más afilados del pop rock británico.

“Mucha gente piensa que los del ‘rock and roll’ somos inmortales, o incluso que no somos humanos… Pero este es un negocio cruel”

La vida de sir Ray Davies ha sido todo menos aburrida. Grupo de éxito temprano que despuntó cuando el espigado Ray apenas tenía 19 años; tiempos tumultuosos de peleas, alcohol y rock and roll; tempestuosa relación con Chrissie Hynde, la cantante de The Pretenders; elevación a la categoría de padrino del brit pop; el disparo que recibió en las calles de Nueva Orleans durante un atraco… Todo ello buen material para escribir canciones. Tras más de ocho años de silencio, publica el 21 de abril Americana (Sony Legacy), primera entrega de una colección de temas que se nutre de sus experiencias en territorio USA. Texturas de canción sureña de carretera, pinceladas de music hall que traen ecos de la época de The Kinks e incluso algunos trazos de rock duro dibujan este disco poliédrico que evoca paisajes con puro sabor americano. Le custodia en su aventura la potente y solvente banda norteamericana The Jayhawks.

Con su camisa azul a cuadros, sus vaqueros, sus zapatillas deportivas y su bufanda azul al cuello, Davies, que el pasado 16 de marzo fue nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico, contesta a las preguntas erguido, con levísimos movimientos de cara; cuando enfatiza, arquea las cejas, poco más. El creador de You Really Got Me, fogonazo rockero del año 1965, y de la inolvidable Lola, narración de un confuso encuentro trans, demuestra que, aunque los años no pasen en balde, no ha perdido un ápice de ese sentido del humor que destilan sus canciones, espacios en los que la insolencia, el costumbrismo, la nostalgia y la englishness (esencia británica) encuentran acomodo. La retranca y la sorna siguen vivas.

Cuando The Kinks consiguieron su primer gran éxito con You Really Got Me, usted tenía 19 años. ¿Cómo se enfrentaron a la brusquedad de la fama? Todavía estoy en ello. Yo tenía 19, mi hermano Dave acababa de cumplir los 16. Sabía que el disco iba a ser un éxito, pero no tenía ni idea de cómo cambiaría mi vida. Por aquel entonces pretendía hacer música por un tiempo, pero en realidad quería dedicarme a pintar. La idea era hacer suficiente dinero para ir a España, estudiar a Andrés Segovia y empaparme de arte. Mi novia de la Escuela de Bellas Artes quería que nos fuéramos a descubrir Europa. Pero la ruta se desvió.

¿Cómo reaccionó ante el éxito? Con sorpresa. Con confusión. Tuvo impacto en mi vida familiar. Venía de los confines seguros de mi barrio y de pronto me vi lanzado hacia el universo. Escribir canciones que conectan con la gente es una sensación maravillosa, pero también da mucho miedo.

The Kinks On Morecambe And Wise Show
Una imagen del grupo tomada en 1968, con Ray Davis en primer plano. Getty

Hay una fecha clave en su adolescencia, unos años antes. Es el día de su 13º cumpleaños, en 1957. Usted recibe un regalo de su hermana René, una guitarra española, y al día siguiente ella fallece. ¿Qué influencia tuvo este suceso en el hecho de que empezara a escribir canciones? Tuvo un impacto abrumador en mí. Pasé por una gran depresión. Dejé de ir a clases con regularidad, no me podía comunicar con mis compañeros; me enviaron a un colegio especial para niños con problemas de aprendizaje y tardé más de año y medio en recuperarme. Me afectó mucho, era mi hermana favorita; bueno, una hermana muy importante. Ella había vivido un tiempo en Canadá y desde allí me mandaba discos de rhythm and blues que no se conseguían en Londres. Sentí la pérdida de esa conexión con el mundo. Ella me guiaba hacia las cosas interesantes: las películas, la música…

¿Cómo era ese Ray Davies de la infancia y la juventud con respecto al de hoy? Yo era un chico confundido cuando tenía 19 años. Esperaba que el éxito escribiendo canciones me convirtiese en alguien que supiera lo que es la vida. Pero por dentro sigo siendo un chico de 19 años; con más edad, pero aún a la búsqueda de respuestas. En Rock ’N’ Roll Cowboys, una canción de mi disco, canto: “Tengo tantas preguntas y tan poco tiempo; el tiempo se apaga, pero las preguntas siguen ahí”.

Uno busca respuestas durante toda su vida… Aún no conozco siquiera las preguntas…

“Mi trabajo es mejor que yo. Simplemente, no estoy a la altura. Me encantaría ser tan bueno como [la canción] Waterloo Sunset”, dijo usted en una entrevista. Es una manera de decir que mi trabajo resulta más inteligente que yo. Soy más listo cuando uso el instinto que cuando intento ser inteligente. La gente debería aprender a vivir con su instinto. En la sociedad informática moderna está quedando relegado. Internet sofoca la intuición. Y no se puede aprender a confiar en ella con una app.

En la canción Mistery Room, de su nuevo álbum, aborda usted uno de los episodios clave de su vida, el día en que le dispararon en las calles de Nueva Orleans, el 4 de enero de 2004. ¿Es ese un suceso que vuelve a menudo a su mente? Las heridas se curan, pero las cicatrices siguen ahí. Es un episodio que concentra muchos elementos. Dos días antes de que me dispararan alguien me amenazó de muerte.

“HE SIDO UN SUPERVIVIENTE. hE SOBREVIVIDO A MUCHAS COSAS EN MI VIDA. AHORA ME GUSTARÍA DISFRUTAR MÁS DE ELLA”

¿De verdad? Fue un borracho, en un bar. Pero luego, cuando ocurrió, no pude evitar pensar. ¿Lo dijo en serio? Probablemente no fuera la misma persona, pero estas cosas influyen en tu mente, el estrés crece, el estrés postraumático… Además, enseguida tuve que volver a la carretera. Mucha gente piensa que los del rock and roll somos inmortales, invencibles, o incluso que no somos seres humanos… Pero no hubo descanso, querían que siguiera dando conciertos. Este es un negocio bastante cruel. ¿Sabe?, el problema no es que te disparen; el problema es sobrevivir. Y resultó simbólico. Me decían todo tipo de cosas: ‘No hagas eso, no sigas ese camino’… Y de repente, zas [Davies da una palmada que se amplifica en la inmensa sala vacía en la que se celebra la entrevista]. Para.

¿A qué se refiere? Tal vez debería haber parado. Pero seguí adelante.

¿Qué es lo que debería haber parado? Ese momento fue una oportunidad de retirarme, de dedicarme a pintar, que es lo que siempre quise hacer. Pero decidí seguir adelante, escribí sobre aquel episodio, publiqué un libro, continué haciendo discos. Cuando estaba en el hospital me preguntaba: “¿Qué voy a hacer cuando salga de esta, si es que salgo de esta?”. Y pensé: “Me dedico a lo que me dedico, a escribir canciones”. Además, esto es todo lo que tengo. El caso es que en ese momento podría haber tomado la decisión de parar.

Y no lo hizo. ¿Se alegra de esa decisión? Sí, me alegro.

Por lo que se ha sabido de aquel episodio, el tipo disparó su arma al suelo para demostrar que estaba cargada. Con eso y con todo, usted decidió perseguirle. ¿Fue así? Sí, fue así.

¿Por qué le persiguió? Porque me daba igual.

¿Qué es lo que le daba igual? Estaba harto. Ocurrió en un mal día, el tipo escogió un mal día. Y yo creí que podría alcanzarle.

Pero, disculpe que le pregunte, ¿por qué era un mal día, por qué se sentía así? Bueno… Además, antes de apretar el gatillo hizo que la chica que iba conmigo se arrodillara, le puso la pistola en la boca. Y luego fue cuando disparó al suelo. Yo decidí que ya era suficiente y fui a por él. No soy una persona valiente, pero hay un refrán que dice: “Vuela o pelea”. O huyes, o haces frente. Yo no soy una persona muy agresiva normalmente. Pero hay que tener en cuenta el shock y la sorpresa; uno nunca sabe cómo va a reaccionar en una situación como esa.

¿Se sorprendió con su propia reacción? Sí. Lo normal hubiera sido decir: “Son unos pocos cientos de dólares, quédatelos”. Pero el modo en que se comportó, sus malas maneras…

Por cierto, antes de pasar a otro tema, cuando el equipo médico llegó y comenzaron a recortar sus pantalones para examinar la herida de la pierna, usted les gritó: “¡Los pantalones son nuevos!”. Es que llevaba mis mejores pantalones.

¡¡¡¿Pero qué pantalones eran esos?!!! Unos preciosos pantalones marrones de pana.

¿Y cómo se le ocurrió decir eso en ese momento? Estaba en estado de shock.

Este episodio tuvo gran influencia en lo que ha escrito desde entonces. Ha aparecido en varias de sus canciones. El hospital fue un lugar en el que también, creo, tuvo mucho tiempo para pensar sobre su vida… Sí, en la habitación del misterio.

¿Qué descubrió en la habitación del misterio? La habitación del misterio es un lugar en el que no sabes si vas a vivir o si vas a morir. Sientes un vacío. Todo sale. Aparecen todos los rostros. Es un shock, es un abismo, el momento entre la vida y la muerte… Y acaba convirtiéndose en una gran canción de rock. Si iba a sobrevivir a ese episodio, tenía que aprender de él todo lo que pudiera. No todos los días te disparan por la calle.

¿Fue ese el momento más duro de toda su vida? No. No fue tan duro como conseguir que mi hermano Dave grabase sus solos de guitarra [risas].

NO ES LA CANCIÓN PERFECTA, PERO DICE MUCHO DE MÍ: I’M NOT LIKE EVERYBODY ELSE (NO SOY COMO LOS DEMÁS)

O sea, que fue el segundo momento más duro de su vida… Grabar las guitarras de Dave da mucho más miedo [clásica media sonrisa de Ray Davies, marca de la casa]. Sí, fue lo segundo que más miedo me ha dado en mi vida.

Por cierto, ¿cómo se lleva ahora con su hermano Dave? Está bien. Tenemos un contacto mínimo. Nunca nos sentimos cercanos. Cuando tenía 10 años, yo viví gran parte del tiempo con mi hermana, en otra casa… Dave es mi hermano, me preocupo por él. Espero que le vaya bien.

¿Cómo explicaría su relación? Nunca hablamos, pero nos comunicamos mucho. Mucha telepatía. Es algo importante cuando eres músico, saber lo que piensa el otro. Hay muchos grandes jugadores de fútbol que la tienen.

La energía que había entre ustedes probablemente fue muy fructífera en términos artísticos para The Kinks. No hay duda. La violencia, la pasión. Es importante la pasión.

¿Volveremos a ver a The Kinks sobre un escenario? Ni idea.

Se llegó a publicar que tal vez tocarían este año en el festival de Glastonbury. No, este año no.

¿Es algo que podría ocurrir? No lo sé.

Y si tuviera que elegir una sola canción, porque tiene un significado especial para usted, de entre todas las que ha escrito a lo largo de su vida, ¿con cuál se quedaría? No es la canción perfecta, pero dice mucho de mí: I’m Not Like Everybody Else [No soy como los demás]. No es la mejor que he escrito, pero explica lo que yo quería decir cuando tenía 20 años. Quería cambiar el mundo, no quería ser como los demás, no me quería rendir, no quería conformarme con lo que me daban.

¿Cuál es entonces su mejor canción? Aún no la he escrito. Sigo buscándola. Sigo buscando esa canción que mi hermana tocaba al piano cuando me regaló la guitarra. Cuando haces algo bueno, tu corazón se da cuenta.

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The Kinks irrumpió en los años sesenta en el panorama musical británico. Andy Gotts

The Beatles, The Rolling Stones, The Who, The Kinks. Pertenece a una generación de músicos británicos que irrumpieron en los sesenta y dejaron canciones memorables. El tiempo lo dirá, pero ¿está satisfecho con el papel que la historia de la música ha reservado a The Kinks con respecto al de los Beatles o los Stones? Creo que The Kinks han revivido su pasión entre el público. Nuestra situación no tiene que ver con las demás. No creo que muchas bandas hubieran regresado a Estados Unidos tras ser prohibidas, como ocurrió con nosotros. En muchos aspectos, The Kinks no se vendían, no estaban en la misma liga.

¿No se vendían? Nosotros estábamos en nuestra liga. Nunca me he considerado un rival o un adversario de nadie. La rivalidad era cosa de los medios.

Quería preguntarle por otro episodio de su recorrido. En 1973, el 15 de julio. Tocaban ustedes en el Great Western Express Festival, en Londres. Desde el escenario se dirigió al público y dijo que estaba harto de todo, besó a su hermano Dave y añadió por el micrófono: “Solo quiero decir adiós y daros las gracias a todos por lo que habéis hecho”. Hay varias explicaciones de lo que ocurrió aquel día… Mi matrimonio acababa de romperse. El negocio iba mal, había juicios que se arrastraban desde los sesenta… Todo se juntó, yo solo quería acabar con todo aquello.

Aquel día intentó quitarse la vida… Estaba en un mal momento. No quería morir, pero tampoco tenía muchas ganas de vivir. Quería cambiar las cosas pero sentía que no podía hacerlo.

¿Qué quería cambiar? Mi vida. El mundo. Además, cuando empecé a escribir canciones creí que podría marcar una diferencia. Veía el mundo, la guerra de Vietnam… Queríamos ir a América, había problemas con el negocio musical, había mucha energía negativa… Estoy contento de haber sobrevivido a ese momento.

Muchos músicos de su generación, e incluso más jóvenes, ya no están entre nosotros. ¿Se siente como un superviviente? He sido un superviviente. He sobrevivido a muchas cosas en mi vida. Aquí estoy sentado hoy, así que he debido de sobrevivir a muchas cosas. Ahora me gustaría disfrutar más de la vida.

¿Le gustaría? Sí. Escribir más canciones. Estoy contento de haber escrito este disco. Quiero terminar de hacer el siguiente álbum. Y mientras tanto, sigo buscando independencia y libertad, las sigo buscando.

Escucha algunas de las canciones más destacadas de Ray Davies y The Kinks:

POR Joseba Elola

Trabaja como reportero en EL PAÍS desde 1997. En 2010 tendió un puente entre EL PAÍS y WikiLeaks que fructificó en la publicación de Los papeles del Departamento de Estado. Actualmente publica entrevistas y reportajes, fundamentalmente, en los suplementos Ideas y El País Semanal.