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La playa de Nordau o Hof Hadatiyim, al norte de Tel Aviv, está reservada para uso exclusivo de mujeres ortodoxas los martes, jueves y domingos. / Michal Ronnen Safdie

El arenal de Hof Hadatiyim, en Tel Aviv, está reservado para el uso exclusivo de mujeres judías ortodoxas tres días por semana. Y otros tres, al de hombres. La fotógrafa israelí Michal Ronnen Safdi capturó durante varios veranos sus confidencias y momentos de esparcimiento junto a sus hijos, cubiertas casi por entero, hasta los tobillos y las muñecas, como manda la ley judía.

martes 24 de enero de 2017

LA COSTA de Tel Aviv es una explosión de vida. Hacia el norte, en dirección a la Marina, surge una línea continua de playas en las que los jóvenes practican krav magá (el arte marcial israelí), vóley-playa o kitesurf. A un pequeño espacio de baño acotado para ir con mascotas le sigue una zona de acantilado donde el camino se estrecha y la playa se interrumpe, abruptamente, para dar paso a unos altos muros y vallas que penetran hasta el mar. Lo que esconden pasa desapercibido para la mayoría: la playa ultraortodoxa donde los religiosos judíos disfrutan del mar y el sol lejos de las miradas curiosas. Domingo, martes y jueves está reservado para las mujeres, y lunes, miércoles y viernes, para los hombres.
La fotógrafa israelí Michal Ronnen Safdie captó con su lente los momentos íntimos de disfrute de las mujeres de una comunidad donde las estrictas normas de comportamiento y vestimenta que rigen su día a día se respetan también en la playa.

Desde agosto de 2007 y a lo largo de sucesivos veranos, Safdie retrató a estas mujeres ataviadas, como dicta la ley judía, con camisas largas, batas hasta los tobillos, medias por la rodilla con chanclas, caftanes y redecillas o pañuelos para cubrir el cabello.

Con esta vestimenta que consideran expresión de su modestia, pocas osan adentrarse en el mar. La mayoría juega con los niños en la orilla o charla en grupitos en la arena. La única licencia que las más atrevidas se permiten utilizar es el color. Desprenderse del tradicional blanco y negro con el que visten a diario también es un privilegio.

La ropa les impide adentrase en el mar, por eso la mayoría se queda en la orilla charlando. Michal Ronnen Safdie

Texto de Lourdes Baeza