Lunes 19 de Junio de 2017

UNA BOLSA amarilla amarrada a un río helado sirve como refugio a este pescador kazajo en plena faena. Así consigue paliar el insoportable frío que hace en Astaná —desde noviembre hasta abril— mientras espera que algún pez muerda el anzuelo. La capital de Kazajistán, con unos 800.000 habitantes, es una de las ciudades más frías del mundo. Durante esa época del año, el termómetro puede alcanzar los 40 grados bajo cero y el río Ishim, que atraviesa la urbe, suele congelarse. El fotógrafo Aleksey Kondratyev, natural de Kirguistán, otro país de Asia Central, ha inmortalizado durante los dos últimos años esta práctica que retrata las tradiciones de un pueblo nómada que abrazó la modernidad tras la desintegración de la URSS, pero que sigue adaptándose al gélido lugar que le ha tocado vivir como lo hacían sus antepasados.