lunes 10 de abril de 2017

UNA MAÑANA de marzo el papa Francisco se dirigió a los participantes en el curso anual de la Penitenciaría Apostólica, en el que se forman los confesores de la Iglesia. Les avisó: “Un confesor que reza sabe muy bien que él mismo es el primer perdonado. No se puede perdonar en el Sacramento sin ser consciente de haber sido perdonado antes”. Tras pronunciar el discurso, este argentino de 80 años, embarcado desde hace cuatro en el lento y delicado proceso de reforma de la institución que encabeza, se dirigió al confesionario de la basílica de San Pedro en el Vaticano, se arrodilló y, allí mismo, ante las cámaras, predicó con el ejemplo: pidiendo perdón por los pecados del Papa.