lunes 06 de noviembre de 2017

UNA OSA y su osezno de dos años caminan sobre el manto inmaculado que cubre el archipiélago de Svalbard, en Noruega. Desde su barco, anclado en la orilla, la fotógrafa Eilo Elvinger avista a la pareja, que se aproxima en su dirección. Los inmortaliza mientras olfatean y lamen el charco sucio procedente de las filtraciones del navío, en una imagen que le ha valido el premio Wildlife Photographer of the Year en blanco y negro. Los cerca de 26.000 osos polares que quedan en el Ártico ven amenazadas sus condiciones de vida tanto por el cambio climático como por los contaminantes de origen humano que año tras año llegan a su hábitat.