martes 14 de noviembre de 2017

EL CASINO DE Montecarlo es un edificio art déco al que los ciudadanos del país en que se ubica tienen prohibido el acceso, pero cuya existencia explica, en gran medida, por qué gozan de una de las rentas per capita más altas del mundo en uno de los Estados más pequeños. En su interior vuelan apuestas formidables como si fueran sorbitos de agua y de vez en cuando, para que la ruleta siga girando, inauguran muestras efímeras como la de la imagen: el diseñador belga Charles Kaisin, explorador de las formas, curtido a las órdenes de Jean Nouvel, lo ha cubierto todo con 1.400 metros cuadrados de tela con un patrón de rombos rojos y blancos. Un tributo al juego. Y al escudo de Mónaco.