sábado 30 de septiembre de 2017

ES DIFÍCIL SABER con exactitud cuándo entró el islam en Cuba, pero se cree que llegó de la mano de estudiantes argelinos, saharauis, yemeníes, palestinos o paquistaníes en los años setenta y ochenta, cuando La Habana era un vivero internacionalista. Hoy la capital cubana cuenta con una sala de oración, abierta en 2015, mientras Turquía y Arabia Saudí se aprestan a construir sendas mezquitas. El régimen cubano ha intensificado las relaciones con ambos países. Con Riad ha firmado cinco acuerdos de cooperación y el pasado mayo Cuba recibió un préstamo de casi 27 millones de dólares para la rehabilitación en la capital. El Gobierno no ofrece cifras de musulmanes en la isla, pero la Liga Islámica de Cuba dice agrupar a 4.000 fieles (otros más entusiastas elevan la cifra a 10.000). Una comunidad pequeña, pero que atrae inversiones.