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El tren de Manakara

Yeray Menéndez
1 min.
Over the bridge

El tren atraviesa bosques tropicales en su camino al mar, hacia Manakara. / Yeray Menéndez

El único tren de pasajeros de Madagascar recorre 160 kilómetros entre selva, arrozales y plantaciones de té desde Fianarantsoa hasta la tranquila ciudad de Manakara, en la costa del océano Índico. Un espectáculo de precipicios y naturaleza salvaje y una vía de subsistencia para las poblaciones que forman parte del trayecto.

martes 19 de septiembre de 2017

EL TREN de Manakara atraviesa Madagascar a un ritmo pausado. Recorre los 160 kilómetros del camino adentrándose en túneles y puentes con los vagones llenos. Los turistas extranjeros y los malgaches con dinero se sientan en los de primera clase, cuidados, limpios y con un asiento por persona, mientras el resto de locales se hacinan en los destartalados coches de segunda o incluso en los baratísimos espacios para mercancías. En cada parada, los vendedores de los pueblos se acercan llenos de viandas: cangrejos de río, plátanos, lichis, repostería local, vasos de agua… Todo se compra y se vende a través de las ventanas de los vagones de esta línea, la única del país, inaugurada en 1936, que sustenta en gran medida la economía de los 16 municipios por los que pasa. El tren es la única fuente de ingresos para muchas familias.

Una niña ofrece plátanos en Madiorano, una de las paradas. Yeray Menéndez

El viajero puede tardar entre 10 y 12 horas en hacer el recorrido si las paradas son breves, o varios días si se estropea alguna pieza que necesite ser sustituida en mitad del trayecto. Por eso el papel de los mecánicos es fundamental; la locomotora diésel es muy antigua y tiende a averiarse con frecuencia. Los más experimentados viajan dentro del tren para arreglar los posibles contratiempos que puedan surgir.

Cuando el tren pasa por dentro de alguno de los 48 túneles de la línea, la oscuridad es total. No hay ningún tipo de iluminación en el interior, ni siquiera en los vagones de primera clase. Tan solo un gran foco en el frontal de la locomotora ilumina la vía entre la exuberante vegetación tropical camino a las hermosas playas de Manakara. Es un trayecto mora mora, según los malgaches. Sin prisa. Un viaje que premia la paciencia.

POR Yeray Menéndez