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Dubái, el reino del exceso

Nick Hannes
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Dubai

The Floating Seahorse, situada a tres kilómetros de la costa de Dubái, es una casa vacacional con habitación y baño bajo el mar.

En 40 años, los petrodólares han transformado un pueblo de pescadores en una metrópolis célebre por su extravagancia. Hoy Dubái presume de ser la meca del turismo de lujo. El año pasado, 15 millones de personas visitaron esta ciudad-Estado de Oriente Próximo con reclamos tan exclusivos como casas subacuáticas, pistas de esquí artificiales o ‘cupcakes’ al precio de 1.000 euros.

viernes 06 de octubre de 2017

El ÉXITO DE LA MARCA DUBÁI ha convertido a la ciudad-Estado de Emiratos Árabes Unidos en víctima de su propio estereotipo. La ambición por el más alto, más grande, más lejos, que ayudó a poner en el mapa aquel pequeño puerto hasta hace medio siglo apenas conocido por comerciantes persas, mercaderes indios y colonizadores británicos, ha atrapado a sus promotores, que necesitan suscitar la admiración continua para que no se aprecien las fallas del edificio. Raro es el día que no se anuncian casas flotantes, taxis voladores o viajes casi instantáneos por Hyperloop, que será el tren más veloz del mundo. Todo es posible menos la reflexión pausada y la autocrítica. No hay tiempo ni ganas para ello. Capitalismo extremo al servicio del teatro de lo moderno. Incluso el arte y la creatividad se domestican bajo el pretexto de usos, costumbres y tradiciones. El autocontrol garantiza la coexistencia de 200 nacionalidades. Y funciona porque cada uno tiene su lugar en el escenario.

Dubái es trágicamente célebre por la gran cantidad de accidentes mortales de tráfico en sus carreteras.

Texto de Ángeles Espinosa

POR Nick Hannes