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Sede de los estudios de animación Walt Disney en Los Ángeles (California, EE UU). / Fotografía de Kyle Monk / Vídeo de Eva Catalán

Un búnker de Los Ángeles (California) custodia los secretos mejor guardados de la gran factoría de dibujos animados fundada por Walt Disney hace casi un siglo. El archivo documental inspira a las nuevas generaciones de creadores, enfrentados al reto de concebir otro gran clásico del cine. Los ordenadores han automatizado el proceso de producción. Pero las ideas siguen naciendo a partir de un dibujo a mano.

Domingo 19 de Febrero de 2017

S ON APENAS unos trazos con lápiz azul y ahí está todo. La forma del pelo, el movimiento de la cola y la expresión de entusiasmo adolescente de la princesa Ariel. Está dibujada cuatro veces, en cuatro láminas de papel. Son algunos de los primeros estudios que hizo el dibujante Mark Henn para la escena en que Ariel, sentada sobre una roca, escucha la canción Bajo el mar. En uno de ellos, el dibujo de la princesa se retuerce un poco: en la versión final le pasan unos peces por el lado y le hacen cosquillas. Henn lo explica retorciéndose y esbozando él mismo la risita. La etiqueta de la lámina dice: “Little Mermaid / 1989 / Rough Animation”. Este es el primer esbozo, dibujado a mano, de la escena más famosa de La sirenita, la película que a finales de 1989 inició una de las etapas doradas de Walt Disney Animation Studios. Lo enseña, aquí y ahora, Henn en persona.

Estamos en el disco duro de la historia de Disney: el archivo de documentación de animación, que atesora todos los dibujos que han aparecido en la pantalla bajo esta firma. Un edificio color crema, sin carteles, mezclado en ese paisaje de polígono industrial rodeado de bungalós de la zona donde se concentra la mayoría de estudios de cine y televisión, en Burbank, al norte de Los Ángeles (California, EE UU).

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Walt Disney, con un boceto de 'Bambi' (1942). Taschen

El búnker, reformado en 1999, custodia el material producido por los artistas de Disney desde la fundación de la compañía. Walt Disney en persona puso en marcha el archivo como servicio de documentación del estudio. La pieza más antigua conservada son los originales de los cortos de Alicia que Disney ejecutó en los años veinte.

Este edificio desconocido cuenta con 11 cámaras de seguridad climatizadas donde se conservan 65 millones de piezas que incluyen, como explica Mary Walsh, directora del archivo, “todos los elementos de una película animada: los primeros bocetos, diseños, dibujos para animación en sucio y en limpio, maquetas, las láminas transparentes y las notas de producción”. Todo aquello que compone cada película, de principio a fin. A ello hay que sumar todo el material digital generado desde los años noventa. Los animadores actuales de la compañía pueden acceder a esta documentación escaneada a través de sus ordenadores para utilizarla en los nuevos trabajos.

A tenor de la sofisticación de las películas de Disney, especialmente desde que comenzó a desarrollarse la animación por ordenador, resulta difícil hacerse a la idea de que los dibujos animados empiezan siendo exactamente eso, dibujos. Antes de que las máquinas entren en juego, primero hay alguien que dibuja a Vaiana (que en su versión original se llama Moana). Y otro la vuelve a dibujar con otra cara. Y otro, con un pelo distinto. Y así, cientos y miles de veces, cuidando cada detalle hasta que se definen tanto el personaje como la historia. Que el espectador pierda la perspectiva del proceso es precisamente el logro de una película. Pero hoy estamos aquí para lo contrario, para deconstruir el trabajo de fabricar clásicos.

el archivo histórico de disney conserva 65 millones de piezas: BOCETOS, maquetas, láminas... todos los elementos de una película animada

Nuestro guía es Mark Henn, una leyenda de la animación que lleva 37 de sus 56 años en Disney. Empezó en 1980 ayudando en Tod y Toby. De su lápiz han salido el ratón Basil, la Bella, o un “viejo amigo” cuyos primeros estudios están también sobre la mesa de trabajo del archivo durante una tarde lluviosa de febrero. El viejo amigo es el cachorro Simba de El rey león. Los cuatro dibujos muestran a Simba sentado. “Hay un momento en el que hay que pensar qué aspecto va a tener cada personaje. Con el joven Simba, a partir de la investigación [llevaron leones vivos al estudio] realicé mi propia interpretación. Parte de mi responsabilidad es concebir un personaje que después sea fácil de dibujar por otros artistas”. La etiqueta en este caso señala: “The Lion King, 4/12/93, Early concept model shoot”. “Esto se convierte en la biblia del personaje para todos los involucrados en su animación”. Sobre dibujos a mano como estos se hizo la versión limpia y a color que sale en pantalla. El rey león se estrenó en 1994. Se convirtió en un clásico instantáneo.

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Simba dibujado por su creador, Mark Renn. En la segunda foto, detalle de una pared en el interior del estudio. / KYLE MONK

Más allá, en la misma mesa, hay otro tesoro anterior a Henn. Son los conceptos visuales de Mary Blair para Peter Pan (1953). Unos bocetos sobre cartón en los que salen los niños perdidos caminando por un bosque. Otro dibujo imagina cómo será el dormitorio en el que los niños juegan a ser Peter Pan. “El desarrollo visual ayuda a establecer el color, el tono”, explica Henn. Mary Blair es un mito de la historia de Disney y una ilustradora venerada por los diseñadores de hoy. Fue la creadora del concepto visual de películas como Alicia en el País de las Maravillas (1951) o La Cenicienta (1950). Este archivo “es una herramienta para aprender”, prosigue Henn. “Yo no tengo a los clásicos aquí para preguntarles, pero tengo sus trabajos”.
Henn recibió hace poco el encargo para hacer una animación del hada madrina de La Cenicienta para una atracción de los parques de la compañía. “Aquí es donde vengo para recuperar ese material original”. Estos dibujos no solo son un tesoro para Disney, Henn y todos los animadores que pasan por este enclave –también está a disposición de historiadores–, sino para los millones de personas que han disfrutado de estas películas. “Una de las cosas más bonitas que me dicen a veces es: ‘Tú animaste mi infancia’. Estos personajes, estas ideas que aquí se guardan desde que eran bocetos a lápiz son algo muy querido por la gente”.

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El escritorio de un antiguo dibujante del estudio. Kyle Monk

Mark Henn se lo piensa mucho antes de confesar sus mitos. Y recuerda una escena muy específica: el capitán Garfio tocando el piano para seducir a Campanilla en Peter Pan. En aquel pasaje, Garfio juguetea con el piano en su camarote mientras, primero, sibilinamente hace confesar a Campanilla que está enamorada de Peter y tiene celos de Wendy. Después la convence de que traicione a Peter. Todo eso había que contarlo mediante dibujos en cuatro minutos y lograr que lo entendiera un niño de cinco años. Merece la pena repasar la escena parándose a pensar en la enorme complejidad de lo que está haciendo Garfio. “Es algo que todavía me impresiona”, dice Henn.

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Bocetos de Mary Blair para 'Peter Pan'. En la segunda foto, Fox Carney, mánager del archivo de documentación de Disney. / KYLE MONK

Para Mark Henn, autor él mismo de escenas míticas, detalles como este marcan la diferencia. Y considera al artífice de esa escena, Frank Thomas, como uno de los mejores de la historia. Una leyenda de la animación que dibujó, por ejemplo, la escena de los espaguetis de La dama y el vagabundo (1955). Inmediatamente después de describir la escena de Garfio, Henn añade que el gran hito de la animación es el diablo de la montaña de Fantasía (1940). De la evolución de Mickey Mouse a lo largo de los años, el que más le gusta es el de El sastrecillo valiente (1938) “cuando se le pusieron los ojos grandes”.

La técnica ha sido la misma desde los comienzos. Los grandes avances tecnológicos y la incorporación del ordenador fueron automatizando el proceso de llevar el boceto hasta la pantalla, pero siempre había un dibujo en el principio de todo. “Eso no cambió realmente hasta que no entraron el estudio Pixar y el 3D”, explica Henn. Pero aun así, películas complejísimas visualmente como Vaiana (2016) siguen contando con parte de animación tradicional en ellas. ¿Y cuál es el legado de las películas de Disney que permanece en la memoria? “Todos crecimos identificándonos con un personaje en particular”, responde Henn. “Eso sigue pasando hoy en día. La gente va a crecer viendo a Rapunzel, la princesa Ana o Vaiana”.

ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS (1951).
LIBRO DE LA SELVA, EL (1967).

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Credit: WALT DISNEY PRODUCTIONS / Album
Escenas de 'Alicia en el País de las maravillas', 'El libro de la selva','Bambi' y de 'La bella y la bestia' / DISNEY / TASCHEN

Lo que sus maestros lograron con Peter Pan o Bambi, él lo logró con Simba o Ariel, y hoy hay otra generación con el mismo reto. “Uno de mis mentores decía que pones tu alma y tu corazón porque estas películas van a durar 100 años. Siempre nos enfrentamos a cada filme con el mismo proceso, el mismo cuidado en términos de cómo se va a desarrollar la historia y cómo los animadores van a dar vida a estos personajes. Es algo que aprendí de la generación anterior y es parte de mi trabajo pasarlo a la siguiente generación”. Acto seguido se sienta y dibuja un Simba para El País Semanal. Magia.

“uno de mis mentores decía que pones tu alma cuando trabajas aquí porque estas películas van a durar 100 años”, dice el dibujante mark henn

La historia de Disney está presente en muchos lugares de Los Ángeles. Una pequeña tienda de fotocopias en la calle Kingswell, en Los Feliz, fue el primer estudio del genio Walt en esta ciudad. Un supermercado en la calle Hyperion marca el lugar donde estuvieron los estudios cuando la compañía dominó la animación en Hollywood durante los años treinta. En 1937, Disney marcó un antes y un después en la historia del cine con Blancanieves y los siete enanitos, el primer largometraje de animación. Cualquiera que la haya visto sabe a qué se refiere Henn cuando dice que el trabajo de un animador de Disney “dura 100 años”. A partir de ahí, el estudio se hizo tan grande que se mudó por completo a un secarral de Burbank, al otro lado de la colina. Y allí sigue.

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Neysa y Lorelay Bové son españolas que trabajan en el estudio de Disney. Kyle Monk

En el estudio nos reciben Lorelay y Neysa Bové. Son españolas, hermanas y forman parte de la nueva hornada de talentos de Disney. Una generación llamada a trabajar sobre la sabiduría de Henn y todos sus predecesores. El despacho de Lorelay, en la segunda planta, está decorado con bocetos que hizo Mary Blair para La Cenicienta (1950). Estas láminas llenas de tonos azules, cristal y brillos, en las que se definía cuál sería el aspecto visual de la película, son su inspiración.

Lorelay Bové llegó a los estudios Disney hace nueve años, justo después de que el estudio Pixar pasara a formar parte del gigante y su fundador, John Lasseter, se convirtiera en director creativo de la firma. Este hecho transformó Disney en la década siguiente. Bové empezó trabajando en el desarrollo visual y el vestuario de Tiana y el sapo. Entre sus créditos más reconocibles están, por ejemplo, el mundo de caramelos del videojuego Sugar Rush en la película Rompe Ralph (2012). Ella inventó esos colores, esos árboles y esos muñequitos. Su concepto para aquella película cuelga en el llamado “pasillo de la herencia”, una zona de los estudios donde reposa una lámina por cada largometraje de animación que se ha rodado desde Blancanieves. Bové trabaja ahora en Gigantic, el estreno que prevé Disney para 2018.

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BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS (1937).

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DUMBO (1941).
Escenas de 'Peter Pan', 'Blancanieves y los siete enanitos', 'La bella durmiente' y 'Dumbo'. / DISNEY / TASCHEN

Hace dos años, la diseñadora Neysa Bové se encontró recién llegada a Disney después de haber diseñado vestidos de Barbie, con el reto de hacerlo para una nueva princesa. “No tenían a nadie especializado en desarrollo visual de vestuario”. El nivel de detalle al que están llegando las películas de Disney hacía necesaria una persona que supiera cómo se mueve la ropa en el mundo real. “Necesitas conocer los cortes, las costuras. La simulación por ordenador es igual hoy al mundo real”. Ahora, el software puede animarlo todo. Desde las plumas de un vestido hasta el pelo de Vaiana.

Aquella nueva princesa procedía de las islas del Pacífico y los colores no podían coincidir con los dominantes en otras estrellas (la Cenicienta es azul, Tiana es verde…). “Vinieron expertos en esa cultura y ancianos de las islas a contar historias como parte de la investigación”, recuerda Neysa. Ella empezó a trabajar en diseños rojos para el personaje que luego sería Vaiana. Su concepto del vestido para el final de la película homónima cuelga hoy en la pared del estudio. Las hermanas hablan de Vaiana con el mismo entusiasmo con el que Henn habla de su Simba, como seguramente Thomas hablaría de su capitán Garfio. La generación de las Bové concibe el siguiente clásico. La cultura de la compañía empuja a que todo ese material del archivo de Disney no está ahí para copiarlo, sino para superarlo.

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'Fantasía' (1940). Taschen

Quizá usted no sabe cuál fue la primera, ni en qué año la vio, pero todo el mundo sabe cuál fue la película de Disney de su infancia. Mark Henn recuerda que la suya fue La Cenicienta, en una reposición de 1964; la favorita de Lorelay era La bella durmiente; la de Neysa, La sirenita. Los próximos títulos tendrán que lograr el mismo efecto. Y no solo para los niños de hoy. Todo el mundo aquí dentro sabe que el resultado de su trabajo tiene que durar 100 años.

La colección Clásicos Disney, compuesta por 20 películas históricas, se vende con EL PAÍS los domingos al precio de 9,95 euros a partir de hoy, 19 de febrero, día de la primera entrega.

POR Pablo Ximénez de Sandoval

Redactor en la sección de Internacional de EL PAÍS durante 14 años. En la actualidad es el corresponsal en Los Ángeles.