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Candida Höfer

martes 10 de enero de 2017

LAS ESTANCIAS desiertas que pueblan las imágenes de la alemana Candida Höfer (1944), técnicamente impecables, revelan una penetrante personalidad en su desamparo. En el vacío es posible hallar todas las historias: las de aquellos que han recorrido los pasillos de esta Biblioteca George Peabody de Baltimore, o las que se guardan en esas hileras interminables de libros, escondidas entre renglones. Como parte de una colección de 34 fotografías que Robert E. Meyerhoff y Rheda Becker han regalado a la National Gallery of Art de Washington, esta pieza aspira ahora a lo contrario: a llenar de vida uno de los edificios del museo, reabierto recientemente con la exposición de estas obras.