Martes 12 de Septiembre de 2017

DURANTE LA SEGUNDA mitad del siglo XIX, con el final de la esclavitud, cerca de 100.000 chinos emigraron a Perú. Hacía falta mano de obra en las plantaciones de azúcar y algodón, y en la construcción del ferrocarril. Estos peones, o culíes, que trabajaban en condiciones durísimas, dejaron una huella esencial en la cultura peruana. El arqueólogo de la imagen se encuentra junto a uno de ellos. Estaba en una de las 16 tumbas halladas en la pirámide de Bellavista, un lugar sagrado de la cultura preincaica ychsma que los chinos, excluidos de los cementerios por no ser católicos, emplearon para el reposo de sus muertos. En un ajuar fúnebre se encontró una pequeña pipa de opio.