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'Delphinus'. Enebro en el parque estatal de Dead Horse Point, en Utah (Estados Unidos). / Beth Moon

martes 31 de enero de 2017

VAGÓ POR LOS CINCO continentes, por caminos apenas transitados, para llegar a zonas lejanas y salvajes donde la noche se manifestaba en todo su esplendor. Noches sin viento, ni nubes, donde el cielo brilla impoluto, limpio de la contaminación lumínica que caracteriza a nuestros hábitats. Baobabs, árboles de la aljaba, pinos de Balfour, olivos, enebros, árboles de Josué, secuoyas, robles y castaños. Las largas exposiciones utilizadas por Beth Moon para fotografiar estos ejemplares centenarios evocan el tiempo que han permanecido como mudos testigos en la Tierra. ¡Qué poco en comparación con la edad de las estrellas! ¡Cuánto en comparación con la de los hombres! De la misma forma que los antiguos griegos y romanos designaron a las estrellas y constelaciones con nombres de dioses y héroes, criaturas fantásticas y objetos diversos, reflejando la riqueza de la imaginación humana, la fotógrafa ha adoptado estos nombres para dar título a sus obras. Títulos que no necesariamente reflejan las estrellas que aparecen en las imágenes, pero sí estimulan la inspiración del espectador. Se calcula que hay tres billones de árboles en el planeta. Cada año el hombre destruye 15 millones de ejemplares. A este ritmo, los árboles desaparecerán en 300 años. “Es más importante tener más árboles que tener más personas”, escribe Clark Strand en Ancient Skies, Ancient Trees (cielos antiguos, árboles antiguos), el libro publicado por Abbeville Press que recoge todas las imágenes. Por Gloria Crespo MacLennan

'Triangulum'. Grupo de árboles de la aljaba. Namibia. Beth Moon