martes 17 de octubre de 2017

ESTE CRÍO RUBIO y de piel lechosa, que en otro lugar del globo podría haber sido confundido con un sueco o un británico más, hijo mimado de las leyes y el Estado del bienestar, se encuentra en realidad en Cox’s Bazar, una región de Bangladés bañada por el golfo de Bengala y a un pasito de Myanmar. Llegó de ese otro lado de la frontera, atravesando ríos, tormentas y barrizales junto a otros cientos de miles de su etnia, todos de piel marrón y ojos oscuros; una excepción entre los suyos, el dato atípico, el chico albino de los rohingyas, la imagen que logra dar la vuelta a este mundo en el que los desplazados ya son costumbre, una patria de más de 65 millones de personas.