ilustración de Mikel Jaso

La serie ‘Por trece razones’ aborda el suicidio entre adolescentes que sufren acoso escolar y abre la puerta al debate sobre los motivos que lo desencadenan en edades tan tempranas.

Domingo 25 de Junio de 2017

HANNAH BAKER toma la decisión, perfectamente meditada, de cortarse las venas con una cuchilla de afeitar. Esta víctima de acoso escolar es un personaje ficticio que protagoniza la serie Por trece razones, un drama sobre bullying emitido por Netflix. La adolescente decide que vivir “no merece la pena” y busca responsables: “¿En qué momento empezó a torcerse mi vida?, y ¿de la mano de quién?”. Baker es una adolescente en el punto de mira de sus compañeros. Su comportamiento es objeto —involuntario, injusto y falaz—de la observación y crítica de todo el instituto. Es víctima también de la era tecnológica, de la facilidad de difusión de opiniones y mentiras, de la trascendencia de una fotografía tomada en un momento de privacidad que, sacada de contexto, nos invita a creer que tenemos derecho a juzgar la vida de la gente.

La serie refleja el “efecto túnel” que se produce en los que consideran el suicidio la única salida a sus problemas

Está muy bien que una serie de televisión aborde el espinoso tema del bullying porque podría utilizarse como herramienta para la prevención de muchas de las agresiones que sufren los estudiantes en los colegios. Pero la crudeza de algunas de sus escenas la hace desaconsejable para el público más joven. Además, la trama va mucho más allá. Está claro que haber sido desprestigiada, insultada y acosada por sus compañeros constituye buena parte de la trágica decisión que toma Hannah Baker. Por otro lado, esta ficción refleja muy bien la crisis vital de un adolescente. No es fácil vivir en un mundo dicotómico en el que “todo el mundo”, si no te quiere, te odia. Lleva su tiempo aprender que a la mayoría de las personas que pueblan nuestro entorno les somos prácticamente indiferentes, que nuestra conducta no trasciende más allá de unos pocos, a los que verdaderamente importamos. Es posible que haya quien esté pendiente de nuestro fracaso y hasta disfrute del mismo, pero a esa difícil edad se tiende a sobrevalorar esta observación y, sobre todo, produce una intensa angustia sentir que cada acto, cada traspié o cada opinión ajena nos perseguirán siempre.

Los chicos y chicas tienden a exagerar la trascendencia e inmutabilidad de las decisiones a largo plazo, atribuyéndoles una influencia excesiva en su existencia. ¿Elegir la carrera adecuada es la decisión más importante de una vida? Sin duda es una de las más importantes, pero no se trata de algo irrevocable. Observándolo desde la distancia adulta, un fallo que retrase dos o tres años la consecución de nuestros objetivos no es un error absoluto. Pero dos o tres años, cuando se tiene 16, puede ser mucho tiempo. Y no solo se trata de una cuestión de proporción, sino de desajuste generacional. Por ejemplo, ¿quién querría a los 16 años compartir aula con chavales de 13?

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ilustración de Mikel Laso

La adolescencia es el periodo en el que creamos parte de nuestra identidad respecto del entorno. Lo que el exterior nos devuelve respecto a la idea que tenemos de nosotros mismos es, durante varios años, determinante para la percepción de nuestra imagen. Somos más dependientes que nunca, y esa es otra barrera, en esta difícil etapa, que no permite percibir que somos algo más de lo que los demás ven en nosotros.

Otro elemento espléndidamente reflejado en la serie es el conocido como “efecto túnel”. Se produce en las personas que consideran el suicidio una salida a sus problemas: son incapaces de percibir señales de esperanza y centran su atención tan solo en aquellas que confirman la certeza de que su decisión es la única posibilidad. Hannah Baker, la protagonista, es incapaz de ver el mensaje positivo que claramente nos transmiten los guionistas de la serie cuando el bibliotecario que una vez le prestó atención, que mostró interés, incluso admiración, por sus poemas, le ofrece una salida digna a un futuro incierto, una salida realista, adecuada a sus intereses y habilidades. El mismo día que Hannah consuma su decisión, esta persona le recuerda que él sigue a su disposición, pero ella pasa por su encuentro de puntillas. Ella se intenta demostrar a sí misma que nadie quiere ayudarla. Tras haber visto esta magnífica producción televisiva, me gustaría destacar que, si bien Hannah Baker es víctima del oprobio y la injusticia, ella no se queda corta, acusando directamente a una serie de personas de ser responsables más o menos directas de su decisión.

La terrible injusticia que comete esta chica en su desesperación no solo es equiparable a la que ella misma sufre de manos de otros. En algunos casos, las supera. En “las 13 razones” que argumenta apunta a 13 personas a las que culpa de su trágico final. Algunas por acción, otras por omisión. El suicidio como ejemplificador y aleccionador es un acto de un heroísmo tan banal que tan solo puede ser considerado detestable y agresivo. Sin duda hay dos o tres personajes que le causan un daño muy costoso de reparar, pero ella es la única que provoca un daño de verdad irreparable.

POR Lola Morón

Nacida en El Aaiun en 1971, es psiquiatra y experta en neuropsiquiatría. Su formación pasó por la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Queens (Canadá), y en ambos ha sido también profesora. Es responsable de la Unidad de Neuropsiquiatría del Hospital Clínico San Carlos.