Retrato del comisario francés, de 50 años, que dirige el Museo de la Moda de París, el Palais Galliera. / Studio Nonamephoto

El director del Palais Galliera de París ha revolucionado las reglas del comisariado de moda en los museos. En los próximos meses volverá a la empresa privada para dejar su impronta creativa.

jueves 05 de octubre de 2017

EN LA última edición de la gran feria de la moda masculina, la florentina Pitti Uomo, Olivier Saillard, comisario y director del Palais Galliera (el Museo de la Moda de París), instaló allí el Museo efímero de la moda, un apasionante ejercicio expositivo con el que desplegó todos sus encantos. Con una cuidada puesta en escena en la que mezcló piezas de diseñadores de distintas épocas, Saillard aprovechó para reflexionar sobre su profesión y sobre la naturaleza caduca de la moda y, sí, también de la vida. “Las prendas son un punto de partida para la poesía”, explica este atípico especialista, que logra dotar de una potente y sincera trascendencia a todas sus muestras: “Siempre digo que una exhibición de moda ante todo explica las vidas de las personas que vistieron esas prendas. Y creo que eso es poético. La moda suele distanciarse de esto, y de alguna manera yo reacciono a esa distancia”. Saillard (Pontarlier, Francia, 1967) recuerda, por ejemplo, cuando su museo adquirió el guardarropa de Sarah Bernhardt: “Aquella actriz, que en su época fue toda una estrella, ahora es una pequeña mota de polvo. Pero ahí están todos esos maravillosos y frágiles vestidos. Resulta bastante desconcertante ver lo difícil que es conservar las prendas y cómo, a pesar de eso, ellas son capaces de resistir el paso del tiempo”. Al final la vida pasa, pero las prendas permanecen para contar sus historias.

“De niño no tenía habitación propia, así que me hice un gran sofá en la buhardilla con la ropa de mis hermanas”, recuerda

El comisario señala a su hermana mayor como la responsable de su pasión por la moda: “Ella se hacía la ropa que llevaba. Se compraba la revista Vogue y le pedía al costurero del barrio que le hiciera las mismas prendas y a mí que le diseñara los logotipos de Yves Saint Laurent y Chanel con lápiz”. Hijo de taxistas, el pequeño Olivier realizó su primera instalación en la buhardilla de su casa, donde una gran pila hecha con la ropa de sus hermanas se convirtió en su refugio: “No tenía habitación propia, así que me hice un enorme sofá con todas esas prendas. Lo usaba para dormir, leer, incluso fumar. Fue algo muy intenso. Podía pasarme horas. Mi madre estaba bastante preocupada, porque muchas tardes me encontraba allí, en el ático, durmiendo encima de esa gran montaña de ropa. La verdad es que no era algo muy normal en un crío de 9 años”, relata un divertido y nostálgico Saillard, que estudió Historia del Arte e hizo su objeción de conciencia en el Museo de la Moda y del Textil de París, para pasar a continuación a trabajar durante cinco años en el Museo de la Moda de Marsella. “Cuando empecé a introducirme en el mundo de los museos había muy pocos espacios dedicados a la moda. Las exposiciones que montaban eran muy abigarradas y yo quería plantear algo más simple. Me pareció muy interesante aproximarme a la moda como si fuera una disciplina artística, como la danza o el teatro”.

Imagen del Museo efímero de la moda, que el francés Olivier Saillard organizó durante la pasada edición de la feria de moda masculina Pitti Uomo, en Florencia.

Desde la sutileza y también el humor, sin caer nunca en la pedantería ni en la vacuidad, Saillard desafía las reglas del comisariado de moda en los museos. Fue esta aproximación única al arte de mostrar la moda lo que le catapultó en 2010, tras su paso como programador del Museo de Artes Decorativas de París, a la dirección de uno de los centros de exposiciones de indumentaria más importantes del circuito internacional, el Palais Galliera de París. Se ­estrenó en agosto de 2011 con un exquisito show dedicado a la figura y el legado de Madame Grès. En lugar de exhibir las piezas de la colección en el propio palacio, las instaló en el museo de escultura Antoine Bourdelle, también en la capital francesa, donde los vestidos esculpidos de la diseñadora francesa dialogaban con las estatuas allí expuestas: “Entonces me di cuenta de que cuando expones moda en un espacio ajeno obtienes algo más lírico, más vivo”. De hecho, en la retrospectiva que organizó en 2014 en torno a Azzedine Alaïa —“el último gran modista”, opina—, además de las piezas que se mostraron en las galerías renovadas del Palais Galliera, trasladó parte de la exposición a la sala dedicada a Matisse en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París, con la intención de enfatizar la debilidad del diseñador tunecino por la creación artística. Esta pasada primavera, Saillard firmó la puesta en escena de la fotogénica exposición Balenciaga, L’oeuvre au noir, otra vez en el Museo Bourdelle, que se sumaba a las diferentes propuestas para celebrar el centenario de la apertura de la primera maison del costurero español.

Desde 2012, Saillard colabora con Tilda Swinton en una serie de ‘performances’ en vivo con el nombre de ‘Armarios imposibles’

Saillard es un gran defensor de la moda en los museos: “Son muy necesarios, más que nunca, porque son espacios muy libres. Siempre les digo a los diseñadores que se animen a donar alguna de sus prendas, porque en muchas ocasiones es la única posibilidad que tienen de preservar su obra y volver a ver esa creación”. Con la voluntad de reinventar su labor, desde hace una década también organiza performances donde las prendas son la excusa para plantear reflexiones de cariz existencial: “Es una forma de enseñar que existen otras maneras de exhibir la ropa: por ejemplo, montando una exposición en los brazos de Tilda Swinton”. Llamadas Impossible Wardrobes, estas peculiares muestras en vivo le han unido a la actriz desde 2012. En la primera acción, Swinton caminó en una pasarela con una selección de 200 prendas históricas; en 2012, un vestido a medida tomaba forma en su cuerpo frente al público, y en 2014 la intérprete examinó el vínculo entre una prenda y su propietario. El próximo mes de noviembre, un libro publicado por Rizzoli recogerá las imágenes de estas tres exposiciones efímeras de estos armarios imposibles —traducción literal del nombre de la serie—.

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Modelos instalados en la muestra temporal Museo efímero de la moda.

Si bien la moda puede trascender a los museos, Saillard tiene claro que no toda debe entrar en ellos: “Hay un momento para la creación y un momento para las instituciones. Y creo que es muy importante ­ofrecer a cada diseñador un margen, ya sean 10 o 20 años, y entonces presentar una retrospectiva. Creo que, especialmente en este momento, necesitamos tomarnos tiempo para todo”, reflexiona Saillard, que justo después del comienzo de Pitti y recién estrenado el verano fue nombrado “director artístico, de imagen y cultural” de la firma de calzado J. M. Weston. Un sorprendente viraje en su carrera que empezará a materializarse en septiembre de 2018 y sobre el que, de momento, no ha querido realizar ninguna declaración.

POR Estel Vilaseca

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. En 1999 lanzó itfashion.com, una de las primeras revistas ‘online’ de moda en español que actualmente coordina. También es subdirectora de la revista en papel de moda independiente ‘VEIN Magazine’, además de escribir para EL PAÍS sobre estilo y tendencias.