Djokovic rodeado de modelos recogepelotas. / GETTY

El Mutua Madrid Open exige 360 grados de visión para seguir a los deportisas y a los vips con derecho a zona reservada.

Sábado 21 de Mayo de 2016

SER ESPECTADOR de un partido de tenis consiste en eso: mover la cabeza de derecha a izquierda para seguir la trayectoria de la bola, emocionarse con una dejada o atisbar si entró o no ese drive ajustado a la línea de fondo. Pero si el partido se desarrolla durante un torneo del circuito ATP World Tour, como el Mutua Madrid Open que tuvo lugar en la Caja Mágica de la capital del 29 de abril al 8 de mayo, el público debe estar preparado también para mirar arriba y abajo. En la pista se baten los mejores deportistas del mundo, pero en las gradas se sucede lo más granado de cada casa en ese otro juego eterno de estar justo en el sitio y momento en el que se cuecen todas las salsas.

Mutua Madrid Open - Day Eight
Mutua Madrid Open - Day Eight
Arriba Carlos Falcó y su novia, Esther Doña. En el centro, Fernando Fitz-James Stuart, heredero del ducado de Alba. En la otra foto, el chef Alberto Chicote. / GETTY

Derecha: Raonic saca a 228 kilómetros por hora. Izquierda: Djokovic resta y descoloca al canadiense. Arriba: filas de asientos rebosantes de gente, vestimentas coloristas y entradas religiosamente abonadas. Abajo: palcos –más codiciados según disminuye su distancia respecto a la cancha–, trajes y corbatas en todos los tonos de azules y grises y, en la muñeca, pulsera VIP con derecho al paraíso de cualquier bon vivant (léase el que disfruta del placer de la comida, la bebida, el ocio y las relaciones). ¡Y gratis! Aclaremos, un palco cuesta entre 25.000 y 50.000 euros, pero como allí se rinde homenaje a famosos, clientes, socios presentes y futuros, prensa, nobleza de sangre azul o de títulos en Bolsa, lo habitual es que el que pague la fiesta lo haga con firma de empresa. En ese nirvana con terrazas al borde de un lago artificial y 6.600 m2 dedicados a la gastronomía internacional de élite, se vende marca, glamour, se observa y se cultivan redes sociales y de trabajo (a esto ahora se le llama networking).

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Manolo Santana, Manuela Carmena, Cristina Cifuentes y la actriz Paz Vega. / GETTY

Este año la infranqueable frontera se abrió para visitantes inesperados en un ejercicio político que ya quisiera como argumento la serie británica Upstairs, downstairs. El Ayuntamiento de Madrid, que patrocina el evento con 13 millones de euros anuales (herencia de un contrato suscrito por el PP, con validez hasta 2021), regaló las más de 4.000 entradas (la mayoría vip) que le corresponden por este acuerdo a la Asociación de Vecinos de San Fermín, a instituciones de jóvenes en peligro de exclusión, a escuelas deportivas, colectivos de mayores… Una manera de que este desembolso, que la corporación considera derroche, haya llegado a una representación de madrileños que pudieron codearse, hasta dejar tiritando las baterías de los móviles, con Cristiano Ronaldo, Paz Vega, el rey Juan Carlos, Chicote, Melendi, Hiba Abouk o Elena Anaya.

Por cierto, los ganadores del torneo fueron Simona Halep y Novak Djokovic. Pero esa ya es otra historia.

POR Maite Nieto

Redactora de El País Semanal desde 1986. En la revista, además de la elaboración de reportajes, ha coordinado, en diferentes etapas, las secciones de Estilo. Con anterioridad trabajó en la sección de local del diario.