Michèle Ory Auer y Michel Auer, en Ginebra el pasado mes de mayo. / GREGORY MAILLOT

Lunes 26 de Junio de 2017

LO QUE A él le sedujo de ella fue que poseía “una cámara Ducos du Hauron” o, lo que es lo mismo, una cámara en color. Ella dice que esa pregunta es demasiado privada para responderla. Se conocieron en París en 1973 y volvieron a reencontrarse un año más tarde para ya no separarse nunca más.

Son Michèle Ory Auer y Michel Auer, conocidos como M + M en su mundo profesional. Cuando se les cuestiona por lo que les ha mantenido unidos durante más de 40 años, la consulta les parece obvia. “¿Además del amor?”, bromea primero el octogenario Michel Auer. “La pasión por la fotografía”, afirma a continuación.

Dueños de la colección más importante de fotografía de Suiza —y también una de las mejores del mundo—, el matrimonio Auer trae a Barcelona más de 100 instantáneas de Weegee (seudónimo de Arthur Fellig), el célebre cronista del Nueva York más descarnado y oscuro de los años treinta y cuarenta.

“No solo nos apasiona la fotografía”, explica el coleccionista, “nos seduce todo lo que está relacionado con ella, nos interesa su historia, desde Cartier-Bresson a una postal”.

Por eso, en 2009 decidieron crear la Fundación Auer —patronato que hoy pasa por serias dificultades económicas—, porque deseaban que tras su muerte todos sus fondos estuvieran juntos y no acabaran abandonados en un sótano o dispersados por el mundo.

Al matrimonio Auer es difícil no verlo fumando, ya sean cigarrillos de liar o buenos puros. “Un día decidimos que no era necesario dejarlo a nuestra edad, que a nuestros años [84 él; 76 ella] tampoco es que se nos fuera a alargar mucho la vida”, relata divertido el fotógrafo. “Ese día decidimos seguir fumando y bebiendo”. Juntos.

POR Yolanda Monge

Yolanda Monge ingresó en EL PAIS en 1998 en la sección a la que siempre quiso pertenecer: Internacional. En plena guerra de los Balcanes, Kosovo fue su primer destino como enviada especial. Desde entonces y hasta 2005 cubrió acontecimientos en Afganistán, la guerra de Irak o el conflicto de Sudán. En 2005 se trasladó a Washington como corresponsal, desde donde escribió sobre sucesos y catástrofes humanas, los presos de Guantánamo o varias elecciones presidenciales -entre ellas la llegada de Obama a la Casa Blanca-. Tras 11 años en EE UU, ha regresado a Madrid para incorporarse a EL PAIS SEMANAL.