Confidencias. dúos

La hermandad del crossfit

Maite Rico
3 min.
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Pello (izquierda) e Iñaki Pérez, en su local (box) de crossfit de Prosperidad, en Madrid. / LUPE DE LA VALLINA

jueves 12 de octubre de 2017

UNO, RETIRO rodillas, y en el “dos” es cuando salto y extiendo cadera. A ver si nos coordinamos, que esto ya parece Barrio Sésamo. Y si ponéis cara de que os apetece, me hacéis feliz”. Es lunes e Iñaki Pérez Echeveste tiene que emplearse a fondo. Entre risas y resoplidos, sus alumnos de crossfit repiten la cargada con la barra olímpica. La sesión de calentamiento y técnica acaba de empezar. Una media hora. Luego vendrá el Wod, work of the day, el entrenamiento del día: 20 o 25 minutos de intervalos de alta intensidad donde se alternan ejercicios de fuerza, potencia y velocidad. Todos con nombres raros. Power clean, toes to bar… El vocabulario es la primera cosa a la que tiene que acostumbrarse quien se sumerge en esta práctica deportiva que combina halterofilia, gimnasia y atletismo. “El crossfit nació en Estados Unidos, está homologado en el ámbito internacional, y es lógico que se unificaran los términos en inglés”, explica Pello, hermano de Iñaki. Estamos en una especie de garaje del castizo barrio de Prosperidad, en Madrid. En este lugar, antes taller de coches, fábrica de empanadas y oficinas de Telefónica, los dos hermanos invirtieron los ahorros familiares para abrir un box de crossfit. Boxes se llaman, no gimnasios: son espacios diáfanos y austeros, sin asientos, ni televisores. Solo estructuras metálicas para los ejercicios gimnásticos, anillas, pesas, cajones de madera y cuerdas que cuelgan del techo. Un sucedáneo de selva urbana. “Descubrimos la actividad hace unos siete años, cuando estaba naciendo aquí. Y nos enamoró”. Iñaki, de 40 años, licenciado en Educación Física (INEF), se ha dedicado siempre al entrenamiento deportivo. Pello, de 33, experto en artes marciales, iba para técnico de sonido, pero al final le arrastró su pasión por la actividad física. “Empezamos aprendiendo con vídeos en YouTube”, recuerda Pello.

Eran los vídeos de Greg Glassman, un pintoresco entrenador de Silicon Valley que en los noventa rompió con la preparación convencional e inventó su propio método, que hoy emplean los militares estadounidenses. Glassman lee a Friedrich von Hayek, se define como “libertario furibundo” y ha visto crecer su marca hasta extremos insospechados: más de 13.000 boxes se han afiliado a crossfit en el mundo (unos 200 en España) y cada año se celebran competiciones internacionales en asociación con Reebok y la cadena de televisión deportiva ESPN. La empresa ingresa 4.000 millones de dólares al año.

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Los dos hermanos realizan uno de los ejercicios, caminar haciendo el pino. LUPE DE LA VALLINA

De vuelta a Prosperidad, y a otra escala, el proyecto de los hermanos Pérez Echeveste también ha ido consolidándose. “Nos lanzamos a la aventura, y ha sido muy progresivo. No te vamos a contar las penas, que las tienes, sobre todo al principio, porque estás pelado, quemado y no ves la luz al final del túnel. Pero luego, día a día, ves que todo marcha… y compensa”, cuenta Pello. La clave ha sido estar hombro con hombro. La confianza entre ellos es absoluta. Ambos planifican, administran y entrenan. La incorporación de un nuevo preparador les ha permitido “ganar un poco de calidad de vida”, pero siguen dedicando a su trabajo no menos de 10 horas al día. Un enorme grafiti, “Crossfit Bellum”, preside el lugar. Lo hizo un pintor amigo de Pello, de la quinta del Muelle. “Buscamos un nombre vinculado al sacrificio, a la osadía, al equipo…, y al final salió este”. Guerra, en latín. Pese a ello, el clima dista mucho de ser bélico. “El compañerismo está en la esencia del crossfit. Hay buen ambiente”. Tampoco se requiere un espíritu (demasiado) masoquista, aunque las imágenes que se ven en Internet, con fornidos atletas al límite de sus fuerzas, despiertan inevitables recelos. “El 90% de esa información son vídeos de alto nivel”, explica Iñaki. “Pero el crossfit se puede modificar y adaptar. Ahí es donde interviene el entrenador. Si se hace bien y con cabeza, es lo mismo que cualquier otra actividad física”. De hecho, cada vez se incorporan más mujeres y ya hay una modalidad para niños. “Es un entrenamiento variado y vas mejorando a medida que te enfrentas a nuevos retos. Y eso engancha. Pero claro, hay que sudar, esforzarse. Tú eres tu propio rival”. ¿Y no temen que sea una moda pasajera? Iñaki es rotundo: “No. Es un estilo de entrenamiento que no dan otros deportes. Está claro que ahora está en auge y se estabilizará, pero se va a asentar, como el pilates”.

POR Maite Rico

Es subdirectora de la Edición Dominical de EL PAÍS. Se licenció en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido corresponsal en México, Centroamérica y Caribe. Además, ha cubierto los conflictos de Bosnia, Somalia y Libia.