Confidencias. AUDACES

Jaume Sisa, la resaca del ‘underground’

Carmen Ordóñez
4 min.
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Sisa junto al equipo de música, en el salón de su casa de Barcelona. / Vanessa Montero

Jaume Sisa empezó a subirse al escenario cuando su generación saltaba a la calle para exigir que la imaginación tomara el poder. La semilla del 68 arraigó en España con retraso, pero la mecha alternativa catalana prendió la llama.

Sábado 19 de Noviembre de 2016

EL EQUIPO de música preside el salón; un salón de techo alto –como corresponde a un edificio levantado cuando Barcelona empezaba a convertirse en un prodigio– donde las condiciones acústicas han sido estudiadas al colocar un sofá en el lugar preciso para la mejor de las escuchas; un salón donde no se encontrará, como en el resto de la casa, aparato de televisión ni ordenador alguno; un espacio nada abigarrado donde algunos cuadros focalizan la atención desde lugares estratégicos para aportar luz y serenidad al visitante que quiera contemplarlos. Porque artista –dice Sisa en una de sus últimas canciones– “es y será aquel que sepa mirar”.

En sus 19 canciones se destilan todos los ingredientes que componen el universo de Jaume Sisa, incluyendo sus alter ego, que han sido unos cuantos.

Los discos, escrupulosamente ordenados, quedan a espaldas del invitado una vez se sienta en el sofá, excepto una amplia y cuidada selección que se muestra de frente, como si fuera el expositor de vinilos de una tienda. En ese escaparate el artista exhibe sus referencias, sus afinidades y sus influencias: Dylan, Beatles –Harrison en especial–, los Stones, los Doors, Cliff Richard –con y sin los Shadows–, la Incredible String Band, Tiny Tim. Battiato, por supuesto. Hablamos aquí de elepés; aunque también aparecen destacados vinilos de 45 o incluso de 78 rpm: ahí están Carosone, José Guardiola, Els 4 Gats, El Dúo Dinámico, Los Brincos, Los Salvajes o Los Sírex; amén de la copla, las habaneras, los boleros y otros ritmos sincopados que entraban en casa a través de la radio. “De todo se saca provecho”, que decía el entrañable Pere Calders.

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Con gafas, junto a Javier Krahe y Joaquín Sabina, en Malasaña en 1985.

Aunque el vinilo parece ser el formato de su preferencia, también conserva viejas cintas de audio. Sobre la mesa el anfitrión ha desperdigado algunos selectos cedés: ahí se encuentran los autores más jóvenes, los que aún hoy reconocen su herencia del underground catalán de los setenta. Y es que han sido varias las generaciones de músicos que bebieron de ese manantial de creatividad, en cuyas aguas una mano inocente vertió apenas una gota de dietilamida de ácido lisérgico (LSD).

El último, Malalts del cel (enfermos del cielo), es un disco que, de editarse en vinilo, serían dos. En sus 19 canciones se destilan todos los ingredientes que componen el universo de Jaume Sisa, incluyendo sus alter ego, que han sido unos cuantos. Le ha llevado cinco años componerlo y editarlo, dos de preparación y tres de grabación, y es la primera vez que se hace cargo de la producción musical: “He querido hacer algo como La Catedral (1977), pero mucho menos críptico; aquí he querido mostrarme más explícito y que la gente entienda lo que quiero contar”. Y también callar “lo que no hay que decir o lo que no hace falta decir”: lo inefable.

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Durante una actuación en el año 1981. Y el actor en 2001. / AGUSTÍ CARBONELL / MANUEL FERNÁNDEZ

Esta vez no son los personajes de los tebeos y los cuentos infantiles los que entran por la ventana, como en Qualsevol nit pot sortir el sol (1975), su canción más conocida; ahora son tipos como Aldous Huxley, Errico Malatesta, Marcel Duchamp, Alain Resnais o Francesc Pujols algunos de los invitados a la fiesta: unos vienen de gala y otros disfrazados, pero todos ellos tienen algo que contar. Y Sisa, un maduro anfitrión que no ha querido dejar de ser un niño, los envuelve –y con ellos, a nosotros– en sus músicas y les hace bailar a ritmo de vals, de bolero o de pasodoble. O los empuja a una verbena con carrusel, farolillos de verano y desfile de gigantes y cabezudos. No faltan tampoco las baladas, ni esa irreverencia mística que se percibe en la profundidad de una letanía, ni el rumor lejano de la canción modernista catalana, la que “tiene mil y un autores”. Lo asombroso es que el músico consigue congeniar todo esto con reflexiones sobre el sueño y la memoria, la razón y la psicodelia o la cordura y la locura.

su último disco “será el definitivo porque el formato está agotado. ya no existen como los concebíamos”

Algunos cómplices de Sisa “de toda la vida” han sido convidados al jolgorio: la voz de Dolors Palau trae trompetas y clarines y no faltan a la cita Marina Rossell, Selene, Pau Riba y Melodrama. En total, cerca de 35 músicos y vocalistas se apuntan a amenizar el festival.

Es un disco cargado de nostalgia generacional, pero los amigos desa­parecidos no se convierten en fantasmas, sino en ángeles, es decir, en mensajeros. Y, a pesar de la saludable melancolía que desprende en algunas de sus canciones, Malalts del cel es sobre todo un canto a la vida y un viaje desde el jardín de la infancia hasta las más remotas galaxias.

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En su casa de Barcelona. Vanessa Montero

“He querido que mi último disco fuera así y es un mensaje que queda explícito en las letras; contar lo que ha significado la música en mi vida”. Porque para Sisa una canción es “una invitación a gozar como si fuera el último día que estás vivo”.

Son 50 años de carrera musical los que Jaume Sisa intenta condensar en este disco: “Será el último y el definitivo porque el formato está agotado: los discos ya no existen como tal, como antes los concebíamos. Han desaparecido, como muchos de los objetos y los conceptos que sostuvieron a nuestra generación. Aquel mundo se está muriendo, si es que no está muerto ya”.

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Con los platillos, en un concierto del Grupo de Folk de Barcelona en 1968, en Ciutadella. colección de Ignacio Elizalde

La escucha es muy importante en el mundo de Sisa: así ha de ser, ya que nació con tal cantidad de dioptrías en ambos ojos que, a partir de esta dificultad, ha debido desarrollar una particular intuición a través del resto de sus sentidos. Habría que preguntarse qué ocurre en el proceso de formación del cerebro de un bebé que no ve la realidad tal como la ven los demás. Su mundo interior ha sido enriquecido con alternativas que el resto desconocemos.

Jaume Sisa es un hombre tranquilo, nostálgico y lúdico, irónico y onírico. Tiene algo de mago y al mismo tiempo es un bon vivant. Un soñador que, quizá gracias al seny, vive con los pies en la tierra.

POR Carmen Ordóñez