Jordi Adrià

Periodista estadounidense afincada en Londres, es una de las voces más agudas de Reino Unido. En la era de la corrección política, defiende que sus osadas opiniones no sean del gusto de todos.

martes 24 de octubre de 2017

CRECIÓ EN EL Upper West Side, el barrio neoyorquino de Woody Allen, y cuando estudiaba en la Universidad de Oxford acabó dirigiendo el periódico donde colaboraron Graham Greene o W. H. Auden. Hadley Freeman (Nueva York, 1978) es una de las periodistas más exitosas de la prensa británica. Desde su columna en el diario The Guardian logra que parezca fácil lo difícil: barniza con humor ágil las reflexiones más profundas.

De padre diplomático y madre productora de televisión, sus progenitores, judíos progresistas de lecturas sesudas, clásicos ingleses y ensayos sociopolíticos internacionales, debieron de llevarse las manos a la cabeza cuando les salió una hija obsesionada con el cine comercial —es una fan total de Cazafantasmas— que acabaría escribiendo sobre estilo y moda. Pero todo tiene su explicación. “Mi abuela fue modelo y quería ser diseñadora”. Aunque, aclara, “siempre me fascinaron más los columnistas de mi periódico que las fiestas de Prada”.

JORDI ADRIÀ

Cuando recién salida de la facultad empezó a trabajar en el rotativo británico, no podía ni imaginar, ­recordaba en una de sus columnas, que haberse ocupado durante ocho años de moda fuera a ser utilizado en su contra. A todos aquellos que la desacreditan por ese pasado laboral y que consideran que no está ­capacitada para escribir sobre el gran abanico de temas —política, cine, literatura, deportes…— que hoy aborda en sus columnas, entrevistas y reportajes siempre les despacha con el mismo argumento: el tiempo que pasó escribiendo sobre faldas, zapatos o gafas de sol le permitieron encontrar su voz narrativa y trabajar junto a mujeres inteligentes y ambiciosas.

Freeman admira a Caitlin Moran o Nora Ephron, pero se resiste a que la coloquen junto a ellas en las estanterías de nuevo feminismo pop. “Odio que cuando sale un escritor no lo comparen y cuando sale una escritora siempre se diga que es como otra que ya existe”, zanja rotunda.

Hadley Freeman, retratada en Barcelona. Jordi Adrià

Autora de cinco libros, tan solo uno se ha traducido al español: The Time of My Life. Un ensayo sobre cómo el cine de los ochenta nos enseña a ser más valientes, más feministas y más humanos (Blackie Books). “Hoy sería esencialmente la misma persona si mis padres se hubieran ahorrado miles de dólares en educación y me hubieran pagado solo la suscripción al videoclub de la calle 86 Este”, escribe en el libro, donde se sacude complejos y reivindica ese cine desde perspectivas de raza, de clase social y de género: cómo en Dirty Dancing hay un subtexto feminista que habla del aborto, El príncipe de Zamunda rompió barreras raciales y Cazafantasmas ofrecía un modelo de amistad ­masculina sana. Aquellas películas que veíamos por puro entretenimiento eran, en su opinión, más osadas que las que hoy nos ofrece la industria cinematográfica actual: “Se hacen producciones para que gusten en mercados como el chino, así que lo pequeño, lo personal queda desdibujado. Y temas como el aborto, más estigmatizados”.

Precisamente esos temas polémicos que el cine comercial esquiva sin remordimientos son protagonistas en sus textos. No hay jardín en el que Hadley Freeman no se meta. De hecho, en 2013 recibió amenazas de muerte en Twitter —la informaron de que habían colocado una bomba en su casa— tras escribir en una columna sobre la misoginia en la Red. ¿Volvería a hacerlo? Por supuesto.

POR Miqui Otero

Es profesor de periodismo y literatura en la Universidad Autónoma de Barcelona y colabora habitualmente en medios como El País y Cultura/s La Vanguardia. Ha participado en libros colectivos de ensayo y ha escrito varias novelas, entre ellas, Hilo musical (Alpha Decay), con la que debutó en 2010, año en que recibió el premio Nuevo Talento FNAC.