Conde Duque, como un rincón de Los Ángeles. / Samuel Sánchez

La embajada de EE UU despliega sus encantos en los eventos del Día de la Independencia.

sábado 16 de julio de 2016

EL PAISAJE de ocho grúas retirando motos se mezcla con la llegada de los invitados a la celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos en el madrileño Cuartel de Conde Duque. La bandera de barras y estrellas ondea sobre el frontal del edificio, junto a la típica foto de las montañas angelinas con la inscripción de Hollywood. Un escenario que conocen bien los anfitriones, el embajador de EE UU, James Costos, y su marido, el interiorista Michael Smith, pues ambos proceden de esa ciudad. La pareja –traje azul con camisa sin corbata y deportivas– ha marcado un estilo alejado de la rigidez de la diplomacia. Ambos desplegaron todos sus encantos en la fiesta. El embajador, que deja su cargo con el Gobierno de Obama, se emocionó al despedirse de una capital en la que se han integrado con naturalidad y en la que se han sentido muy cómodos. “Están ustedes invitados a Los Ángeles, pero no vengan todos juntos”, pidió Costos. La fiesta fue el arranque de una batería de celebraciones posteriores en torno a una historia que comenzó hace 240 años con la declaración de Thomas Jefferson sobre la igualdad de las personas.

Sheila Loewe (de verde), entre los invitados. Samuel Sánchez

Entre los invitados, fornidos marines como sacados por unas horas de una película de Clint Eastwood, quinceañeras emulando a Peggy Sue, tacones imposibles acompañando a minifaldas de vértigo para gente sin complejos de volumen, algún caballero (pocos) con pantalones de estampados atrevidos y mucho fondo de armario, tan clásico como olvidable. Sobre el escenario, Wings of Dixie, el grupo de la Fuerza Aérea de EE UU, interpretó algunos de los hits que componen la banda sonora de su país. Estados Unidos posee música, popularizada en filmes universales, para cualquier momento del día y de la vida. La ceremonia oficial, con la presentación de las banderas estadounidense y española a cargo de los infantes de marina, se anunció con música de ­thriller. Los invitados parecían inmersos en una película, en la que suenan sin transición los himnos de los dos países. En el caso del anfitrión, cantado a capela por Vanessa Williams. Abajo, entre el público, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena; la concejal de Ciudadanos Begoña Villacís, la infanta Elena, Irene Villa, Garrigues Walker, el actor Miguel Ángel Muñoz y personalidades de las áreas más diversas de la relación hispano-estadounidense aplauden sonrientes. Y menos mal que Michelle Obama regresó a su país unas horas antes del evento. El catering, a base de hamburguesas, perritos calientes, palomitas, tacos y galletitas, era lo opuesto a la dieta que predica. El tópico español lo puso David Bisbal, sin rizos y acompañado al piano, al modo crooner.

POR Amelia Castilla

Amelia Castilla ha desarrollado casi toda su carrera periodística en El País. Ha trabajado como reportera en las secciones de Sucesos, Domingo, Cultura y Babelia. Ahora, ejerce como redactora jefe en el Semanal.