Señor Salme

El hombre siempre ha idealizado este momento del día, pero solo es una ilusión óptica. La posición del Sol que vemos cada mañana es un efecto provocado por los rayos de luz, que, al pasar del vacío del espacio a la atmósfera, sufren un proceso de refracción y su dirección se curva.

domingo 22 de enero de 2017

POCAS COSAS han inspirado tanto a los poetas y a los artistas como el amanecer. Todos recordamos hermosos poemas o canciones relacionados con este momento del día, como La aurora de Nueva York, con sus cuatro columnas de cieno que de forma tan gráfica describió García Lorca en el poemario que dedicó a la ciudad de los rascacielos. El cine clásico también ha homenajeado al alba con películas como El amanecer, del director alemán F. W. Murnau, o Amanece que no es poco, de José Luis Cuerda. Incluso tenemos un cóctel llamado Tequila Sunrise, con película homónima.

La realidad es que el amanecer no es más que una gran mentira. Para empezar, la denominación de este momento del día en muchos idiomas hace referencia a la salida del sol, o a su elevación en el cielo. Esto tendría lógica en el modelo del universo de Ptolomeo, en el cual la Tierra es el centro y el Sol y los planetas giran a su alrededor. Pero gracias a Copérnico sabemos que es la Tierra la que gira alrededor de esta estrella, centro de nuestro sistema planetario. Lo correcto no sería decir la salida del sol, o sol naciente, sino avistamiento del Sol o giro de la Tierra. Admito que esta observación es ser muy quisquilloso, incluso que se podría argumentar que si el punto de referencia es la Tierra, para un observador sería el Sol el que se moviera, como de hecho parece que pasa. Pero hay algo más. El amanecer tiene una parte de espejismo.

Lo correcto no sería decir la salida del sol, o sol naciente, sino avistamiento del Sol o giro de la Tierra

Cuando metemos una caña en el agua, nos da la sensación de que está quebrada. Esto se debe a la refracción de la luz. La parte sumergida la vemos a través de la superficie acuosa. Al pasar del agua al aire, cambia de dirección debido a la diferencia de la velocidad de la luz en los dos medios, por eso parece que esté rota, ya que recibimos la luz en diferentes ángulos. Algo parecido ocurre con el amanecer y el ocaso, ya que, al pasar del vacío del espacio a la atmósfera, la luz también sufre un proceso de refracción y su dirección se curva, por lo que la posición que vemos del Sol en el cielo en esos momentos es aparente y no real. De la misma manera que cuando hace calor parece que haya charcos en la carretera. En este caso, el espejismo se debe a la diferencia de temperatura entre el aire que está en contacto con el asfalto y el que se encuentra en capas superiores.

Y luego está el tema de los colores tan característicos y hermosos. La luz visible no es más que radiación electromagnética, igual que los rayos X o las ondas de radio. La diferencia es que nuestros ojos son capaces de detectar solo una parte de esas ondas. De hecho, cada longitud de onda de la luz visible corresponde a un color determinado, y la luz blanca es la mezcla de todos los colores. En condiciones normales, el cielo es azul debido a que la atmósfera actúa como un prisma y es capaz de descomponer la luz blanca que viene del Sol. Los gases de la atmósfera absorben y emiten preferentemente las ondas más cortas, que corresponden al color azul y violeta. En el amanecer y en el ocaso el cielo se presenta de color rojo debido a que, por la posición relativa entre la Tierra y el Sol, la luz recorre más espacio de atmósfera. Por ese motivo, la absorción es mayor y abarca a otras longitudes de onda, quedando solo la luz residual, de color rojo o anaranjado. Si no hubiera atmósfera, al mirar al cielo solo veríamos el vacío estelar salpicado de estrellas. Siento restar romanticismo, pero la belleza del amanecer no es más que un conjunto de ilusiones ópticas, quizá por eso algunos le quitamos solemnidad y lo solemos recibir dormidos.

¿El cielo puede ser verde?

Este fenómeno lo popularizó Julio Verne en su novela de 1882 El rayo verde, en la que dice que el último destello del día siempre es de color verde. El fenómeno es real, pero se limita a un mínimo destello que se debe a la misma refracción de la luz y al ángulo que adopta durante unos segundos. En el amanecer y en el ocaso, en la zona intermedia entre el cielo azul y el cielo rojo, también puede aparecer una mínima capa de color verde, intermedia entre los dos, pero hay que tener buena vista para distinguirla.

POR J. M. Mulet

Profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, Director del Máster de Biotecnología Molecular y Celular de Plantas (CSIC-UPV) e investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP). Divulgador de temas relacionados con la biotecnología y la alimentación. Autor de 'Comer sin Miedo' y 'Medicina sin Engaños' (Destino) y de 'Los productos naturales ¡vaya timo!' (Laetoli).