David Serrano - Billy Elliot Ver vídeo
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David Serrano, director de la adaptación musical de 'Billy Elliot', en la sala de ensayo del Nuevo Teatro Alcalá de Madrid. / Alfredo Arias

Fue un revulsivo de la comedia española el pasado decenio con taquillazos como ‘El otro lado de la cama’ y ‘Días de fútbol’. Su nuevo reto es la conquista de los escenarios con la espectacular adaptación de ‘Billy Elliot’.

martes 03 de octubre de 2017

DAVID SERRANO no puede dar ni dos pasos por los pasillos del Nuevo Teatro Alcalá sin que alguien le pare. Un niño le cuenta orgulloso que ha conseguido dominar un paso de baile. La peluquera quiere saber si puede peinar ya a las niñas. Y el conserje le entrega una caja de Manolitos que alguien le ha dejado en recepción. Mientras, un centenar de personas espera al director para el ensayo. Faltan dos semanas para el estreno y una leve excitación impregna el ambiente. Cuando David consigue llegar al patio de butacas da dos palmadas y exclama: “¡Venga! Todos arriba”. Tiene la voz algo tomada. Lleva desde julio trabajando más de 12 horas diarias para que el musical Billy Elliot vea la luz en Madrid el próximo 5 de octubre.

Dirige un presupuesto de cinco millones de euros. “Cuanta más verdad haya en el escenario, más vamos a emocionar”

Cada etapa en la carrera de este madrileño nacido en 1975 parece haberle acercado progresivamente a este género. Uno de sus primeros trabajos fue el guion de la comedia musical El otro lado de la cama (2002). Emilio Martínez-Lázaro aceptó dirigirla porque los diálogos le parecieron brillantes. “David tiene mucho ingenio y un agudo sentido del humor”, dice el realizador de Ocho apellidos vascos. El otro lado de la cama sigue siendo una de las 10 comedias españolas más taquilleras de la historia. También forma parte de esta lista la ópera prima de Serrano: Días de fútbol (2003). Ambos títulos recaudaron unos 12 millones de euros. Pero el teatro se cruzó en su camino. Ha sido productor y ha adaptado y dirigido una decena de obras. En 2005, escribió el musical del grupo Mecano Hoy no me puedo levantar y también lo dirigió durante un año en Barcelona. Así descubrió que con esta faceta de su profesión es con la que más disfruta. En 2011, concibió el guion y se puso al frente de Más de 100 mentiras, basado en las canciones de Sabina. “¡Cómo no fijarse en él! No hay nadie en España que haga cine, teatro, musicales y que además adapte”, dice Juan José Rivero de SOM Produce, impulsora de Billy Elliot en España.

David da instrucciones al elenco. Alfredo Arias

Serrano recibió hace ya dos años la oferta de adaptar y dirigir este montaje. El presupuesto alcanza los cinco millones de euros. Él lo había visto hace tiempo en el West End londinense, donde se representa desde 2005, y asegura que es el mejor musical de los últimos 30 años: “La historia no se puede contar mejor, no falta ni sobra nada”. Billy Elliot nació en 2000 como una película. La trama se desarrollaba en un pueblo minero del norte de Inglaterra en 1984, durante la huelga contra los recortes de Margaret Thatcher a la industria del carbón. Billy es un niño que descubre la danza y vence los prejuicios de sus familiares y vecinos para poder dedicar su vida al baile. Tras el éxito del filme, Stephen Daldry, Lee Hall y Peter Darling —director, guionista y coreógrafo, respectivamente— unieron fuerzas con el compositor Elton John para crear un musical que ya ha cosechado 12 millones de espectadores en todo el mundo. Rehacer la historia sobre un escenario los ayudó, según Serrano, a redondearla: “Hasta el final es mejor que el de la película”.

Serrano arrancó el proceso con la traducción de las 15 canciones de la obra. Fueron necesarios seis meses para que cada sílaba y cada acento encajasen. “Me despertaba cada noche con una melodía en la cabeza”, recuerda. Y asegura que jamás volverá a aceptar un encargo similar. También hubo que adaptar la coreografía porque los escenarios de la producción madrileña son mayores. Hay 17 cambios de decorados. El más espectacular es la casa de Billy, una estructura de cinco metros con dos plantas que emerge del suelo del escenario.

Calentamiento previo a un ensayo y un ensayo de acrobacias con uno de los niños.

Pero sin duda el mayor reto de este musical fue crear una escuela para formar a los niños participantes. Billy tiene que cantar, bailar claqué y ballet clásico, hacer acrobacias y actuar. El conservatorio de danza de Víctor Ullate y Carmen Roche se convirtió en aliado. “No hay ningún niño que sepa hacer todo eso, hay que formarlos. Son como deportistas de élite”, explica David Serrano, quien también impartió algunas de las lecciones de interpretación. El director admite no compartir el modo en que se han hecho en España tradicionalmente los musicales, espectáculos donde, según Serrano, “la actuación es casi una pantomima”. Él defienda esta premisa: “Cuanta más verdad hay en el escenario, más vamos a emocionar y a divertir al espectador”.

Entre los 250 jóvenes que se presentaron a los castings están los cinco, de entre 13 y 15 años, preparados para el estreno. A lo largo de más de un año, han recibido cuatro horas de clases, durante cinco días a la semana, impartidas por ocho profesores. Los protagonistas no son los únicos menores que participan en el musical. Quince niños y 40 niñas más, de entre 5 y 18 años, también han recibido formación. Un elenco infantil que se multiplica por cinco: como tienen menos de 16 años, solo pueden hacer dos funciones por semana, y está previsto que haya ocho. Esto obliga al elenco adulto (que cuenta entre sus filas con Natalia Millán, Adrián Lastra y Carlos Hipólito, entre otros) a ensayar cada escena con cada reparto infantil. “Eso es sin duda lo más agotador”, reconoce el director.

Un ejemplar del guion del espectáculo y una caja con zapatos de claqué.

Serrano casi no había trabajado con niños y han terminado por convertirse en su mayor preocupación. Sobre todo “los Billys”. Con ellos comparte un chat de WhatsApp. Sabe cómo van en el instituto, si han estado enfermos… Quiere evitar que el éxito se les suba a la cabeza, o que se lleven un chasco cuando tengan que ser sustituidos por un nuevo Billy porque hayan crecido demasiado para el papel. Cuando llegue ese día, quiere que se sigan formando. En un par de años, Serrano ya planea hacer una obra con todos ellos. “Son como mis hermanos pequeños”.

POR Mónica Luengo Montero

Ha escrito para El País, ICON y BuenaVida. Estudió periodismo en la Universidad Pontificia de Salamanca y en Sciences Po (París). Más tarde cursó el Máster de la Escuela de Periodismo UAM - El País.