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Confidencias.

El ‘boom’ de la belleza ‘halal’

Silvia Hernando
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El sello halal comienza a extenderse desde los tratamientos cosméticos hasta el maquillaje pasando por la manicura. / Gallo Images

Los productos cosméticos que cumplen los preceptos islámicos, dirigidos al mercado musulmán, cotizan al alza. Un sector valorado en 50.000 millones de euros y en el que la empresa española Natura Bissé es pionera.

Martes 27 de Junio de 2017

NATURAL, DÉTOX, bio, healthy, ecológico… Quizá lo inusual en estos tiempos sea no encontrar alguno o varios de estos apelativos en los envases de los artículos que colman la cesta de la compra. El nuevo término que escala posiciones entre las entradas de esta singular enciclopedia es el de halal, la palabra que designa las prácticas (especialmente referidas a los alimentos) que cumplen con los preceptos establecidos por la ­sharía, la ley islámica: ni rastro de cerdo o derivados y nada de alcohol. Si ya pocos se sorprenden al encontrarse en España con carnicerías que ofrecen este tipo de productos a los cerca de dos millones de musulmanes que viven en el país (según datos de la Unión de Comunidades Islámicas de España), puede que a alguien se le haya escapado la tendencia que está ganando fuerza por momentos: la de la cosmética halal, un mercado que solo en 2015 recaudó en torno a 50.000 millones de euros, según un informe de Thomson Reuters, que augura un crecimiento hasta los 190.000 millones de euros en 2021. Se trata de productos de belleza que excluyen las grasas de origen animal y los alcoholes. En la vanguardia de este movimiento, Natura Bissé, la lujosa marca española que ultima la imagen de las estrellas de Hollywood antes de pisar la alfombra roja de los Oscar, se ha convertido en la primera empresa europea en obtener una certificación en Emiratos Árabes Unidos (EAU). Con ella pueden acreditar que sus productos son aptos para musulmanes sin detrimento de sus beneficios para cualquier otro usuario.

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Ricardo Fisas, consejero de Natura Bissé. Caterina Barjau

El primer salón de belleza de España específico para musulmanas abrió en Madrid hace tres años. Se llama Masturah y es un local de ­vanos ciegos ubicado cerca de la ­mayor mezquita de la capital. Ahí las mujeres pueden cuidar su cabello, piel o uñas con productos adecuados a su estilo de vida. “Aunque los cosméticos no son tratados de la misma manera que los alimentos”, apunta Yasmin Salem, fundadora del establecimiento. Mientras que las reglas son más estrictas para la comida, “un producto cosmético ecológico tendría la misma validez que si poseyera el sello halal”.

Salem busca que las cremas y maquillajes sean “cuidadosos con el medio ambiente y hayan sido producidos sin malas prácticas, abuso o explotación de seres humanos o animales. Tampoco deben contener pesticidas y suelen ser 100% naturales”.

La obtención del sello halal por parte de empresas como Natura ­Bissé, implantada en EAU desde 2007 y certificada desde 2015, tiene que ver más con un “proceso de modernización” que con la cuestión religiosa, incluso para vender en países musulmanes, señala Ricardo Fisas, consejero y vicepresidente de la división internacional del grupo barcelonés.

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A la izquierda: sérum ultraconcentrado de efecto lifting Diamond Life Infusion, que aumenta la densidad de la piel y su elasticidad. Y a la derecha: tratamiento nocturno Diamond Extreme Oil, con aceites de alto valor nutritivo y antioxidante. Caterina Barjau

Garantizar que un producto no es haram —es decir, prohibido—, sino todo lo contrario, se ha convertido en un proceso industrial regulado y supervisado por entidades presentes en todo el mundo y lideradas por EAU en el ámbito árabe (que suma en torno a una cuarta parte de los practicantes del islam, 1.800 millones de personas según el Pew Research Center), así como por países como Malasia y Singapur. En España, la certificadora más importante es el Instituto Halal de Córdoba, perteneciente a la Junta Islámica, que ha puesto su sello a unas 300 empresas nacionales, “el 95% de ellas dedicadas a la alimentación, seguidas del sector turístico, que supone el 4%”, como explica Hanif Escudero, director de normalización del organismo. El sector de la cosmética, detalla, aún supone un mercado incipiente, con solo una compañía acreditada por ellos: la toledana Laboratorios Válquer. Su director, José Luis Cerrillo, subraya que para ellos el sello halal “supone una gran ventaja para no excluir a la población musulmana que vive en España y Europa, así como los visitantes”.

Estos productos de belleza ‘halal’ deben ser naturales y haber sido elaborados “sin explotación de seres humanos o animales”

Actualmente solo Indonesia tiene previsto implantar una ley halal por la que, a partir de 2019, todo tipo de ar­tículos importados y comercializados en el país deberán seguir las normas emanadas de la sharía. En otros lugares la tendencia es exigir que, cuando el producto lleve la denominación halal en la etiqueta, vaya acompañado de un certificado (esto sucede ya en Malasia, EAU, Marruecos, Argelia, Croacia o algunos Estados de EE UU). En el resto del globo ocurre como en Masturah: lo que se demanda es un producto ético y natural sin necesidad de sellos, ni siquiera del apelativo halal. “Pero es cierto que tenerlo nos está ayudando en la entrada a países a nivel de registros sanitarios, ya que su posesión implica haber pasado por una serie de procesos verificados”, abunda Fisas.

Situado en la encrucijada entre Europa, África y Asia, el opulento emirato de Dubái se ha erigido en un núcleo desde el que mirar hacia los mercados árabes. “Y su posición nos permite tocar todo el mercado de hoteles de lujo del Índico: Maldivas, Mauricio, Seychelles…”, agrega Fisas. Siguiendo la línea que han trazado a lo largo de sus 30 años de historia, Natura Bissé comercializa a través de selectos centros de estética, hoteles o spa. Además, para 2019 pretenden abrir 16 exclusivos puntos de venta en esta zona. “También tenemos un pie en India, estamos introducidos en el Levante y miramos con muy buenos ojos la apertura del mercado iraní, que supone una clientela de 80 millones de personas con un alto conocimiento del cuidado de la piel”.

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Arriba: la crema de noche Diamond Extreme Mask acelera la renovación celular, aumenta la producción de colágeno y elastina, ayuda a rellenar arrugas y mejora la hidratación. Y abajo: crema antiarrugas Diamond Extreme, que proporciona elasticidad y firmeza y ayuda a mantener un nivel de hidratación óptimo. Caterina Barjau

Desde empresas pequeñas y medianas hasta gigantes corporativos, son muchos los fabricantes que quieren ocupar una calle en esta carrera por obtener el certificado halal. La población musulmana solo tiene visos de crecer —el pronóstico para 2030 es que alcance los 2.200 millones—. Y se prevé que su gasto en cosmética llegue a los 65.000 millones de euros en 2019, según el informe El estado de la economía islámica global, de Thomson Reuters. Multinacionales como la japonesa Shiseido ya se han asegurado de desarrollar productos certificados, concebidos especialmente para mercados como el bangladesí, donde se introdujeron en 2012. Y Unilever, líder en cinco países con importante presencia musulmana (Indonesia, Pakistán, Bangladés, India y Egipto), ya “ha cambiado algunos ingredientes base como la manteca, el sebo, los aceites de origen animal, la gelatina o el alcohol por el colágeno, la queratina o la glicerina, con el fin de adecuarse a las prácticas islámicas”.

Si bien en el universo de la belleza tiene sentido crear ciertos productos halal específicos —como las cremas blanqueadoras, más demandadas en países musulmanes—, en el caso de Natura Bissé las alteraciones en ingredientes y procesos se han aplicado a toda su gama, la cual, como subraya Fisas, incluso ha ganado en calidad. “Con la tecnología, todo se puede hacer halal”, zanja el directivo, que defiende el valor de lo halal aplicado a su caso concreto: “La mayor parte de nuestros productos son naturales: si miras nuestros ingredientes, el 80% lo son. Pero siempre decimos que no somos una empresa de productos orgánicos, porque si quieres un producto de calidad que no tenga una vida corta, necesitas buenos sintéticos. Nuestra dicotomía no es tanto natural o no natural, sino calidad versus no calidad. Queremos productos que sean muy efectivos y que además tengan una vida larga”.

POR Silvia Hernando

Redactora especializada en cultura. Ha trabajado en Cinco Días, El País y el diario digital Infolibre. Antes fue gestora cultural en una galería de arte contemporáneo y en la Embajada de España en Argelia, también pasó por un gabinete de comunicación. Estudió Historia del Arte y Traducción e Interpretación y después cursó el máster de periodismo de El País.