Charo Ortín, con un paciente. / Davit Ruiz

Esta doctora en neurocontrol motor lucha por mejorar la vida de personas con movilidad reducida, aquejadas de esclerosis o un ictus, aplicando las nuevas tecnologías.

jueves 24 de agosto de 2017

La obsesión de Charo Ortín es engañar al cerebro. Sirviéndose de gafas de realidad virtual (VR), esta doctora en neurocontrol motor estimula las neuronas espejo —las que actúan por imitación— de personas que han sufrido un ictus, o que tienen un tumor cerebral o una esclerosis. Luis, uno de sus pacientes, se tumba y mueve repetidamente una pierna y el pie, hasta que sus extremidades tiemblan ligeramente sin control. Sin embargo, en cuanto se pone las gafas de VR y ve en la pantalla una pierna que simula ser la suya, el temblor desaparece.

Ortín explica que en el siglo XIX se creía que el sistema neurológico tenía parcelas muy diferenciadas, cada una dedicada a una actividad, como el movimiento. Se sabía que del cerebro partía el tracto piramidal, neuronas motoras y sensitivas que salen desde los hemisferios derecho e izquierdo y tienen forma de V que, al juntarse, forman la médula espinal y de ahí llegan a cada músculo. “Hoy la neuroimagen ha avanzado mucho y comprendemos que en realidad todo está interconectado”, subraya Ortín, que basó su tesis doctoral en la Universidad Rey Juan Carlos en esa idea de la interconexión. “Mi hipótesis fue: si el cerebro no está tan parcelado y si el tracto piramidal se alimenta de más cosas, voy a comprender qué otras áreas participan del movimiento para estimularlas”.

2135Visionarios2
Charo Ortín, en la clínica Foren en Tres Cantos (Madrid) Davit Ruiz

“Cuando una persona ve un movimiento sin hacerlo se produce una neuroestimulación”

Así llegó a las neuronas espejo, descubiertas en 1996 por el neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti, premio Príncipe de Asturias 2011, y con quien Ortín se reunió dos veces en Parma (Italia). “Son un tipo de neuronas muy especiales porque actúan de manera reflejo, repitiendo inevitablemente lo que ven. Comprobé que cuando una persona ve un movimiento sin hacerlo se produce una neuroestimulación”, explica Ortín. Según cuenta, para que cojamos un vaso con la mano, primero tiene que estar cerca de nosotros. Solo por esto, nuestro cerebro ya está activo, anticipando un posible movimiento. Es decir, hay una parte del cerebro rico en neuronas espejo que analiza la distancia, temperatura, peso… del vaso, y hay otra que hace la contracción, es decir, que mueve la mano para que lo cojamos.

2135Visionarios3
Charo Ortín, con un paciente. Davit Ruiz

Ortín, con la tesis terminada en 2015, y siendo directora de su centro, llamado Foren, en Tres Cantos (Madrid), pasó de la teoría a la práctica. Empezó haciendo vídeos con su móvil, pero comprobó que el cerebro no se engañaba con el 2D. Se puso en contacto con la Fundación Telefónica, que tiene un espacio de realidad virtual, y conoció a The Vrain, una empresa española que trabaja con VR. Juntos grabaron vídeos, siempre en el mismo entorno y con la misma ropa, por lo que en las sesiones los pacientes se tienen que poner idéntica vestimenta a la que aparece en imagen para que el cerebro se crea la treta. La técnica combina la anticipación (la persona se concentra en qué parte del cuerpo quiere mover) con la observación (mediante las gafas de VR, viendo su cuerpo), y finalmente con la contracción (el movimiento en sí), a la que Ortín ayuda mediante pequeñas descargas si el paciente ha enviado correctamente la orden desde su cerebro (ella lo sabe gracias a unos sensores).

2135Visionarios5
2135Visionarios4
A la izquierda, Luis, un paciente aquejado de esclerosis, utiliza las gafas de realidad virtual para su rehabilitación.

Ortín nota mejorías en sus pacientes y el doctor Rizzolatti muestra interés por su trabajo. Ahora, dice, el siguiente paso es escribir artículos basados en evidencias científicas, con una muestra suficientemente alta, y para ello, dice, necesita recursos. “¿Conoces a alguien que pueda ayudar?”.

POR Álvaro Corcuera

Licenciado en Periodismo por la Universitat Ramon Llull y Máster en Periodismo de EL PAÍS – UAM, trabaja en EL PAÍS desde 2004 y en EL PAÍS SEMANAL desde 2009, donde ha escrito reportajes sobre todo tipo de temáticas. Es codirector y coguionista de 'The Resurrection Club', corto documental nominado a los Premios Goya 2017. Actualmente es responsable del equipo de web y redes sociales de EL PAÍS SEMANAL.