Navegar al desvío

Manuel Rivas

3 min.

El pensamiento grosero

Me convence la irónica definición de que populista es aquel que constantemente ensalza al pueblo, pero en el fondo lo desprecia.

Domingo 04 de Diciembre de 2016

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NUNCA IMAGINÉ que el apocalipsis tendría este nivel de vulgaridad. Así que cada vez que oigo pronunciar el nombre de la cosa, Trump, y son incontables al día, Trump, Trump, Trump, como gotas de arsénico intoxicando la conversación mundial, hay una parte descentralizada de la mente que se escapa y va a su aire a la búsqueda de algún lugar con hierba fresca en las antídotas, antiguas antípodas. Hoy ese lugar tiene la forma de un poema que se titula La mariposa. Dice:

,

Contento, lo que se dice contento,
he estado muchas veces en la vida
pero más que ninguna cuando
me liberaron en Alemania
que me quedé mirando una mariposa
sin ganas de comérmela.

El hombre que no comió la mariposa al regresar de la muerte se llamaba Tonino Guerra. Detenido en Italia como resistente, Tonino había sido deportado a Alemania e internado en un campo de exterminio. Ese poema de apariencia tan sencilla cuenta una conmoción extrema: la sorpresa de la vida al descubrirse viva. La alegría de la memoria al saber que en el infierno no ha perdido el recuerdo de alegrarse. El gesto de no comerse la mariposa, ese acto de humor, lo vemos ahora como una ofrenda a la existencia.

Fue un cineasta español, José Luis Cuerda, el que me descubrió hace tiempo la obra poética de Tonino Guerra. ¿Qué hizo Tonino en su literatura para el cine?

Aquel joven italiano superviviente, nacido en 1920, dejaría muchas otras ofrendas con el tiempo. Fue el guionista de películas como Amarcord, E la nave va, El caso Mattei o Blow-up. Muy compenetrado con Federico Fellini y Michelangelo Antonioni, escribió piezas magistrales que contribuyeron a hacer del cine italiano de la segunda mitad del XX un regalo de imaginación crítica y sutileza para todo el mundo. Y más allá de Italia, con Andrei Tarkovsky (Nostalgia) o Theodoros Angelopoulos (El paso suspendido de la cigüeña). Fue un cineasta español, José Luis Cuerda, el que me descubrió hace tiempo la obra poética de Tonino Guerra (su Poesía completa está editada por la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes, traducción, prólogo y notas de Juan Vicente Piqueras). ¿Qué hizo Tonino en su literatura para el cine? Escribir siempre como aquel día de la liberación en que quedó contento de no haberse comido la mariposa. Con un humor que conocía a fondo el dolor. Con las palabras, sembrar imágenes sentipensantes.

En los años ochenta, Tonino Guerra regresó al país natal, en la Romagna. Se estableció en un pequeño lugar, Pennabilli. Un lugar alto desde donde contemplar “la infancia del mundo”. Allí se dedicó con más intensidad a la poesía, que escribía en gran parte en romagnolo. Se apartó de la celebridad, pero lo suyo no fue una fuga. Al contrario, Tonino Guerra, que falleció en 2012, trabajó hasta el fin en la producción de pensamiento sutil. Cada lugar de la tierra percibe el pensamiento de quienes la habitan. Por eso en Pennabilli el paisaje es también sutil. Los poemas han quedado como lugares. Las palabras, al nombrarlos, protegen los bosques y los huertos, y la naturaleza corresponde. Donde vivía Tonino, naturaleza, arte y poema se han puesto de acuerdo: es I Luoghi dell’anima. El lugar del alma.

Si una parte de mí ha escapado al poema de La mariposa y a Pennabilli es porque está horrorizada con la expansión de este pensamiento grosero, que para empezar niega el cambio climático. Ya no hablamos de unos negacionistas extravagantes, sino de gente con poder para lastimar toda la vida en el planeta.

Se habla mucho de populismo, a veces de forma contradictoria. Si hay una definición que me convence es esa ironía que dice que populista es aquel que constantemente ensalza al pueblo, pero que en el fondo lo desprecia. Lo que algunos politólogos llaman demolatría. No parece difícil identificar a Trump con este tipo de político. Pero él va más allá. Él es quien define lo que es y no es pueblo, como aquel personaje de Charlot que cerraba bruscamente una maleta y recortaba con una tijera todo lo que quedaba por fuera.

El pensamiento grosero empieza por intoxicar y apropiarse del lenguaje. Así, el político grosero, como en el decisionismo autoritario, intentará que cada uno de sus actos se convierta en ley. No me extrañaría que empezara por comerse las mariposas. Alguien debería decirle al oído lo que una campesina amiga de Tonino dijo a sus parientes antes de morir: “Acordaos que después de nosotros ya no estaremos nosotros”.

POR Manuel Rivas

Escritor, poeta y ensayista nacido en A Coruña en 1957. Ha compaginado su trayectoria periodística en radio, prensa y televisión con su faceta de escritor. En 2009 fue elegido miembro de la Real Academia Galega. Premio nacional de Narrativa (1996), se le otorgó en cuatro ocasiones el premio de la Crítica.